Hay titulares que tranquilizan (“baja el número de fallecidos”). Pero la seguridad vial no se mide solo en titulares: se mide en daño real. En 2025 aumentan los heridos que requieren hospitalización, y ese dato es el que anticipa secuelas, dependencia y vidas partidas.
Y si hablamos de prevención, hay un factor que no admite relato: alcohol y drogas. No como “excepción”, sino como patrón que se repite.
Si hay un dato que debería incomodarnos —como sociedad— es este: en 2024, el 48,2% de los conductores fallecidos sometidos a autopsia y análisis toxicológico dio positivo en alcohol, drogas y/o psicofármacos (452 positivos sobre 937 conductores analizados).
No es un matiz estadístico. Es una alarma.
Y lo es todavía más cuando se mira “dentro” del positivo: el alcohol no aparece como una presencia residual o socialmente tolerable. Dos de cada tres conductores positivos a alcohol superaban 1,2 g/l, un nivel asociado a intoxicación muy severa.

Lo que dicen los forenses: no es “una copa”, es un patrón de riesgo
Si algo aporta el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) es lo que a veces falta en los balances rápidos: evidencia fría.
Que casi 1 de cada 2 conductores fallecidos analizados dé positivo no significa que “la mitad conduce borracha”. Significa algo más incómodo: que en la parte más grave de la siniestralidad —la que acaba en autopsia— el alcohol, las drogas y ciertas combinaciones aparecen demasiado.
Y dentro del alcohol, el dato que debería romper la tolerancia social es este: la mayoría de positivos supera 1,2 g/l. No estamos hablando de “un despiste”. Estamos hablando de intoxicación severa.
Esto es prevención basada en realidad:
- no basta con pedir “concienciación” genérica;
- hay que cortar el comportamiento que se repite;
- y hay que hacerlo con medidas que se evalúan, no con slogans.
La evidencia existe: alcohol, drogas y combinaciones
La Memoria 2024 de Hallazgos Toxicológicos en Víctimas Mortales de Accidentes de Tráfico (Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses —INTCF—, Ministerio de Justicia) deja además varias claves útiles para prevención:
- Alcohol en ascenso: la detección de alcohol en conductores fallecidos pasa del 32,7% al 34,4% (consumos aislados o combinados).
- Drogas a la baja, pero siguen ahí: descienden del 22,7% al 16,4%; psicofármacos del 15,7% al 11,4%.
- En el grupo de conductores positivos (n=452): 71,2% alcohol, 34,1% drogas, 23,7% psicofármacos (pueden solaparse por consumos combinados).
- Combinaciones: un 13,1% mezcló alcohol con drogas y un 3,1% añadió psicofármacos.
Cuando hay drogas, destacan cocaína (59,1%) y cannabis (42,9%) entre los positivos a drogas (n=154).
Y no solo hablamos de conductores. Entre peatones fallecidos con positivo a alcohol, el 73,3% superaba 1,2 g/l.

Lo que ve la DGT en carretera: “más de 500 positivos al día”
Cuando la DGT intensifica controles, aparece otra fotografía: miles de conductores que siguen circulando bajo los efectos. El consumo no es residual, es masivo.
Da igual el mes. Da igual el mensaje. El resultado se repite: alcohol y drogas siguen presentes en la conducción real. La pregunta no es si hacen falta controles: es si los estamos utilizando con una estrategia de impacto (zonas, horarios, reincidencia) y si el efecto se mide más allá de la nota de prensa.
En la campaña de alcohol y drogas de diciembre de 2025 (del 15 al 21), la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil realizó pruebas a 191.864 conductores. 3.523 dieron positivo en alcohol y/o drogas: más de 500 al día. Y el dato que retrata la prevención: el 88,8% fue detectado en controles preventivos, no tras un siniestro o una infracción.
Alcohol (diciembre 2025)
- 186.920 pruebas realizadas.
- 1.900 positivos.
- 229 conductores con diligencias por superar la tasa penal (0,60 mg/l en aire espirado) y 12 por negarse a la prueba.
Drogas (diciembre 2025)
- 4.944 pruebas realizadas.
- 1.623 positivos en test preliminar.
- 4 conductores trasladados a la autoridad judicial por conducir bajo los efectos de sustancias.
- Sustancias más detectadas: cannabis (1.083), cocaína (711) y anfetaminas/metanfetaminas/opioides (171).
Y hay un dato que conecta directamente con la reforma de la tasa: la campaña detectó además a 3.820 conductores que no superaban el límite legal, pero sí habían consumido alcohol. La DGT lo subraya con una frase que Infovial suscribe: “solo 0 tiene 0 consecuencias”.
En campañas anteriores (2024) se repitió el patrón: miles de positivos en alcohol y drogas y centenares de traslados a la autoridad judicial, con cifras que se mantienen campaña tras campaña.
Traducción para la prevención: si miles de conductores circulan “por debajo del límite”, pero bajo los efectos, el debate no puede quedarse en el castigo: tiene que centrarse en disuasión real, pedagogía y cero normalización.
La pregunta incómoda: si cada campaña “caza” miles, ¿Cuántos pasan el resto del año sin ser detectados?
El dato que no encaja con los titulares: el alcohol aparece también en la siniestralidad “con víctimas”
En 2024, el alcohol estuvo presente en el 28% de los siniestros mortales (273 siniestros mortales con alcohol, 27 más que en 2023), y se estima que el 12% de los siniestros con víctimas están relacionados con el alcohol.
No es solo una cuestión de “responsabilidad individual”. Es un patrón que exige política pública.

La Fiscalía lo confirma: el alcohol sigue llenando juzgados
Los últimos datos consolidados publicados por la Fiscalía de Seguridad Vial (Memoria 2024, con cifras 2023) son coherentes con esa realidad: el 66% de las condenas por delitos contra la seguridad vial se relacionan con alcohol/drogas o negativa a someterse a pruebas.
Y en volumen, hablamos de 115.245 procedimientos por el artículo 379.2 (conducir bajo la influencia de alcohol o drogas) y 24.542 por negativa.

La reforma: bajar a 0,2 y prohibir avisos de controles. La prevención no puede quedarse atrapada en la política
Con estos números sobre la mesa, el Congreso tramita una proposición para fijar una tasa máxima única para todos los conductores: 0,2 g/l en sangre o 0,1 mg/l en aire espirado, y reforzar el régimen sancionador desde ese umbral.
El texto incorpora además otra pata polémica: prohibir la difusión de información sobre la ubicación de controles policiales (alcohol/drogas y otros por seguridad vial).
Incluso el propio documento legislativo recuerda algo clave para desmontar el mito del “yo controlo”: con tasas relativamente bajas, el riesgo de accidente mortal puede multiplicarse frente a conductores sobrios.

La DGT defiende la rebaja de la tasa máxima a 0,2 g/l en sangre (0,1 mg/l en aire) con un argumento simple: cuanto antes se corta el consumo, menos siniestros graves. El objetivo no es castigar: es disuadir antes.
Entonces llega el punto critico del interrogante: si la medida se presenta como relevante para salvar vidas, ¿por qué sigue atascada?
La tramitación parlamentaria se ha ido retrasando por falta de acuerdo y por “paquetes” cruzados (condiciones, enmiendas, negociaciones entre grupos). Y aquí está el problema: las víctimas no entienden de tacticismo. Solo entienden de consecuencias.
Mientras tanto:
- el alcohol sigue siendo factor concurrente,
- los heridos graves aumentan,
- y seguimos discutiendo lo que, desde salud pública, es básico: cero es cero cuando vas a conducir.
¿Por qué está atascado en el Congreso?
Porque el consenso “moral” no siempre se traduce en consenso “político”.
Según informaciones parlamentarias recogidas en prensa, la tramitación está varada en comisión, pendiente de negociación entre partidos, con un elemento de bloqueo: ERC vincula su apoyo a la cesión de competencias de exámenes de conducir a Cataluña.
Además, hay fricciones cruzadas: el PP rechaza la rebaja y Junts no acepta la prohibición de avisos de controles.
Mientras tanto, los datos no esperan.

Si hablamos de vidas, no hay “excusa” que valga
Una reforma así no es un debate técnico para especialistas. Es prevención básica.
Porque cero alcohol no es un eslogan: es una frontera real entre llegar y no llegar. Y porque la combinación de alcohol + prisa + normalización social sigue fabricando tragedias a ritmo sostenido.
Lo mínimo exigible: prevención con datos, control inteligente y tolerancia social cero
Si queremos resultados —no relatos— hay tres mínimos:
- Datos útiles y a tiempo: saber pronto qué peso real tiene alcohol/drogas en siniestros graves y mortales y cómo se mide.
- Control inteligente: más presencia donde el riesgo es mayor, foco en reincidencia, y evaluación pública de impacto.
- Cultura de cero: porque la frontera es clara. En carretera, solo cero es cero.
La seguridad vial no necesita más eslóganes. Necesita decisiones. Porque el coste no se paga en titulares: se paga en hospitales, en secuelas y en familias que no vuelven a ser las mismas.
Si la evidencia científica y forense ya está encima de la mesa, la pregunta final es sencilla:
¿Cuántas sillas vacías más hacen falta para desbloquear una ley?





