La Última Curva

Apagón en Madrid: cuando la oscuridad iluminó nuestras miserias

                                                                                              Por David Landazabal
Y de repente… la civilización moderna parpadeó.

El apagón del 28 de abril nos dejó sin luz, sin datos, sin pagos con tarjeta, sin metro…
y sí, sin semáforos.

Y contra todo pronóstico, el tráfico no fue el caos que todos esperaban, tuvimos caos, si, los túneles se cerraron y por ejemplo en M-30 esto lo complicó, el caos se expandió pero sobrevivimos.
La mayoría redujo la velocidad.
Se respetaron cruces.
Hubo paciencia —ese bien escaso en hora punta—.
Y el mundo, para sorpresa de muchos, no se acabó.
¿Qué nos enseñó la oscuridad?

Que cuando no hay quien nos ordene qué hacer (ni luces rojas, ni radares, ni cámaras),
el civismo depende solo de nosotros.
Sin algoritmos.
Sin multas.
Sin manos invisibles.

Cuando la ley desaparece, solo queda el respeto.
Y cuando el respeto se impone de forma natural, la anarquía anunciada no sucede, bueno, sucede pero casualmente se suaviza.

Paradójicamente, en la mayor crisis eléctrica reciente, muchos demostraron que sabían encender algo que parecía apagado: el sentido común.

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¿Por qué necesitamos tanto control cuando somos capaces de autocontrolarnos en emergencias?

Quizá porque confundimos libertad con capricho.
O quizá porque, en días normales, la luz verde nos da permiso para olvidar que otros existen.
Pero en el apagón, cada cruce fue un espejo.
Y en muchos casos, por suerte, nos vimos mejores de lo que solemos ser cuando todo funciona.

Nos quedamos sin teléfono, sin redes, sin mail, sin citas y el mundo no se acabo, si pensáramos esto en circunstancias normales, las prisas, le tensión y el despropósito desaparecería de nuestras vidas, ¿esto será relativizar?

Tal vez.

O tal vez sea simplemente recordar lo esencial.

Reflexión Final:

Ironías de este país:
cuando los semáforos murieron, resucitó la prudencia.

Parece que necesitamos un apagón para recordar que, en el fondo, sabemos comportarnos.
Que el civismo no debería ser una reacción excepcional, sino la norma diaria.

Porque no hacen falta luces rojas para frenar…
…si alguna vez encendemos algo más importante:
el sentido común.

Por David Landazabal
Vicepresidente de Stop Accidentes, víctima de siniestros viales y autor de La Última Curva

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