El consumo de alcohol y la conducción siguen siendo una combinación peligrosa en nuestras carreteras, especialmente en periodos festivos como la Navidad. Sin embargo, los datos demuestran que este problema no es puntual ni estacional, sino un comportamiento que se repite durante todo el año.
Según un estudio reciente de la Fundación Línea Directa, uno de cada cinco conductores reconoce haber conducido tras consumir alcohol durante las fiestas navideñas, lo que equivale a más de 5,2 millones de automovilistas. Las cenas de empresa, Fin de Año y Nochebuena concentran los momentos de mayor riesgo, pero lo más preocupante es la percepción distorsionada del peligro: casi seis de cada diez conductores que bebieron y condujeron aseguraron que su conducción fue “normal”, sin riesgos añadidos.
Una falsa sensación de control
Esta normalización del consumo de alcohol al volante es uno de los factores más alarmantes. El estudio revela que muchos conductores subestiman los efectos del alcohol, incluso cuando reconocen haber ingerido varias copas o combinados. Trayectos cortos, recorridos habituales o una aparente sensación de control llevan a decisiones que multiplican el riesgo de sufrir un siniestro.
La realidad es contundente: el 34% de los conductores fallecidos en accidentes de tráfico dieron positivo en alcohol, y en casi uno de cada cuatro casos se trataba de una tasa de alcoholemia delictiva. A estos datos se suma el policonsumo, ya que más de un 20% de los fallecidos había combinado alcohol con drogas u otras sustancias.
Controles que salvan vidas
Los controles de alcoholemia siguen siendo una de las herramientas más eficaces para reducir este riesgo. De hecho, el 65% de los conductores reconoce que evita conducir tras beber por miedo a una sanción o a sufrir un accidente, y la gran mayoría considera que estos controles están justificados. Su efecto disuasorio resulta clave para prevenir conductas de riesgo y salvar vidas.
Más allá de las fechas señaladas
Aunque la Navidad concentra una mayor atención mediática, el alcohol al volante no desaparece el resto del año. Por ello, expertos y entidades de seguridad vial insisten en la necesidad de mantener una concienciación constante, reforzar la formación y recordar que no existe un consumo “seguro” cuando se va a conducir.
Reducir el número de víctimas en carretera pasa por romper la normalización del alcohol al volante, asumir que cualquier cantidad puede afectar a la conducción y apostar por alternativas seguras. Porque la prevención no debería limitarse a las fiestas: la seguridad vial es una responsabilidad diaria.




