Las celebraciones navideñas multiplican comidas, cenas y encuentros sociales, pero el riesgo de combinar alcohol y conducción no entiende de fechas. La DGT insiste en que incluso dentro de los límites legales puede aumentar el riesgo de sufrir un siniestro y recuerda que, al volante, la única tasa segura es 0,0.

La Navidad concentra comidas de empresa, reuniones familiares, cenas con amigos y numerosos desplazamientos, muchos de ellos nocturnos y de corta distancia. Es también una época en la que tradicionalmente se refuerzan los controles de alcohol y drogas.

Pero centrar el problema únicamente en estas fechas puede transmitir una idea equivocada.

Conducir después de haber bebido es un riesgo durante los 365 días del año.

La Dirección General de Tráfico volvió a recordarlo en diciembre de 2025 con una nueva campaña especial de vigilancia de alcohol y drogas, desarrollada en todo tipo de vías, tanto urbanas como interurbanas, y a cualquier hora del día.

La campaña preveía más de 35.000 pruebas diarias y partía de un dato que continúa reflejando la dimensión del problema: el alcohol estuvo presente como factor concurrente en el 28 % de los siniestros con víctimas mortales registrados en 2024.

El riesgo comienza antes de superar la tasa legal

Uno de los errores más habituales consiste en identificar el límite legal con un límite de seguridad.

No son lo mismo.

La propia DGT advierte de que incluso con tasas de alcoholemia situadas dentro de los márgenes legalmente permitidos puede aumentar el riesgo de provocar un siniestro.

El alcohol actúa sobre capacidades esenciales para conducir: disminuye la percepción del riesgo, altera el comportamiento y la coordinación, dificulta la toma de decisiones y aumenta el tiempo de reacción.

Además, puede generar una falsa sensación de seguridad que lleva precisamente a infravalorar esos efectos.

Por eso, el mensaje preventivo de la DGT es mucho más sencillo que intentar calcular cuánto podemos beber sin superar un control:

la única tasa realmente segura para conducir es 0,0.

Navidad aumenta la exposición, pero no crea el problema

En las semanas previas a Navidad se multiplican las ocasiones en las que alcohol y desplazamientos pueden coincidir.

Eso justifica campañas especiales de vigilancia y concienciación, pero no significa que el riesgo desaparezca al terminar las fiestas.

Cumpleaños, celebraciones familiares, comidas de empresa, fiestas locales, vacaciones, fines de semana o simplemente una comida con amigos pueden plantear durante todo el año la misma decisión: si hemos bebido, quién va a conducir después.

La prevención, por tanto, no debería depender de la existencia de una campaña especial de la DGT ni de la posibilidad de encontrarnos con un control.

Debe formar parte de nuestra propia planificación.

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Los trayectos cortos también cuentan

Durante las fiestas navideñas son frecuentes los desplazamientos cortos entre localidades próximas, desde un restaurante hasta casa o entre diferentes reuniones familiares.

Precisamente por tratarse de recorridos conocidos puede aparecer una falsa sensación de seguridad.

“Está cerca”, “son cinco minutos” o “conozco perfectamente esta carretera” no modifican los efectos que el alcohol produce sobre nuestras capacidades.

La DGT insistió durante la Operación Navidad 2025 precisamente en prestar especial atención a los trayectos cortos y nocturnos y en evitar combinar alcohol y conducción.

La distancia hasta nuestro destino no reduce la alcoholemia ni recupera nuestros reflejos.

Planificar la vuelta antes de empezar a beber

Una de las mejores medidas preventivas se adopta mucho antes de introducir la llave en el contacto.

Si sabemos que vamos a consumir alcohol, podemos organizar previamente cómo regresar:

designar a una persona que no vaya a beber, utilizar transporte público, taxi o VTC, compartir el viaje con un conductor que permanezca sobrio o buscar una alternativa que permita dejar el vehículo estacionado.

La decisión es mucho más sencilla cuando se toma antes de empezar la celebración y no al final, cuando el propio alcohol puede haber alterado nuestra capacidad para valorar correctamente el riesgo.

Y existe otra responsabilidad compartida: no dejar conducir a quien sabemos que ha bebido.

Casi la mitad de los conductores fallecidos analizados dieron positivo en alguna sustancia

Los datos toxicológicos ayudan también a entender por qué alcohol y drogas continúan ocupando un lugar prioritario en las políticas de seguridad vial.

Según los datos utilizados por la DGT en su campaña de diciembre de 2025, el 48,2 % de los conductores fallecidos en carretera en 2024 que fueron sometidos a autopsia y análisis toxicológico dieron positivo en alcohol, drogas o psicofármacos, solos o combinados.

No significa que todos esos consumos fueran necesariamente la causa directa del siniestro, pero el dato evidencia la presencia de sustancias incompatibles con una conducción segura en una proporción muy elevada de las víctimas analizadas.

Una decisión válida también después de Navidad

Las campañas especiales son necesarias.

Los controles preventivos también.

Pero la seguridad vial no puede depender únicamente de la vigilancia.

El reto consiste en conseguir que la incompatibilidad entre alcohol y conducción se convierta en una decisión personal asumida con naturalidad.

No importa si es Nochevieja, un sábado de agosto, una fiesta local o una comida cualquier día de la semana.

Si vamos a conducir, la decisión más segura sigue siendo la misma:

alcohol, 0,0.

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