El Arval Mobility Observatory 2026 constata que la movilidad empresarial entra en una nueva etapa marcada por la Ley de Movilidad Sostenible, las Zonas de Bajas Emisiones, la renovación de vehículos y la necesidad de convertir la tecnología en seguridad vial real
La movilidad corporativa se ha convertido en uno de los grandes laboratorios de transformación del transporte en España. Ya no se trata solo de renovar vehículos, reducir costes o cumplir con objetivos medioambientales. Las flotas de empresa están pasando a ocupar un papel central en la seguridad vial, la sostenibilidad, la gestión de datos, la electrificación y la adaptación de las compañías a un nuevo marco normativo cada vez más exigente.

Así lo refleja la 18ª edición del Arval Mobility Observatory 2026, un estudio que analiza las principales tendencias de movilidad y flotas corporativas a partir de un panel internacional de más de 10.000 profesionales decisores en 33 países. El informe llega en un momento clave: la aprobación de la Ley de Movilidad Sostenible, el despliegue de las Zonas de Bajas Emisiones, los objetivos del Plan Auto 2030 y las nuevas exigencias europeas sitúan a las empresas ante un cambio de ciclo.
Uno de los datos más significativos es la confianza empresarial en el crecimiento de las flotas. El 91% de las compañías prevé mantener estable o aumentar el número de vehículos en los próximos tres años. La movilidad sigue siendo, por tanto, una herramienta esencial para la actividad económica, pero su gestión ya no puede abordarse solo desde la logística o la financiación.
La movilidad entra en la estrategia de empresa
El nuevo escenario normativo está obligando a las compañías a integrar la movilidad en su estrategia corporativa. Según el Barómetro, el 88% de las empresas ya dispone o desarrollará un plan de movilidad en el plazo de un año. Además, el 43% ha fijado o prevé fijar objetivos de descarbonización y el 56% mide ya la huella de carbono de sus flotas.
La Ley de Movilidad Sostenible y las Zonas de Bajas Emisiones están acelerando esta transición. Para muchas empresas, adaptar sus flotas ya no es solo una cuestión de imagen o responsabilidad social, sino una condición para garantizar la operatividad en entornos urbanos, cumplir con nuevas obligaciones y anticiparse a futuras restricciones.
Este cambio supone también una nueva oportunidad para introducir criterios de seguridad vial en los desplazamientos laborales. La movilidad al trabajo y en misión debe gestionarse con indicadores, planificación, prevención y seguimiento. En este punto, el informe recuerda que la seguridad vial se consolida como un pilar de la responsabilidad social corporativa.
Electrificación sí, pero con infraestructura y pedagogía
El estudio constata el avance de las energías alternativas en las flotas. El 72% de las empresas ya las utiliza y otro 15% se plantea hacerlo en los próximos tres años. Sin embargo, el salto al vehículo eléctrico sigue condicionado por barreras muy concretas: infraestructura de recarga insuficiente, falta de cargadores en oficinas y domicilios, tiempos de espera y desconocimiento por parte de los conductores.
El 30% de los gestores considera que no hay suficientes puntos de recarga públicos y el 23% señala la falta de cargadores en los centros de trabajo o en los hogares de los empleados. Además, el factor tiempo aparece como un elemento decisivo: para el 38% de los conductores corporativos, una espera superior a 24 minutos puede comprometer la viabilidad de sus rutas.
El informe también detecta una carencia importante de información entre los usuarios de vehículos de empresa. Un 47% desconoce si cargar un vehículo eléctrico es más barato que repostar gasolina o diésel; un 14% cree que es más caro y un 39% considera que la recarga resulta más económica. También persisten dudas sobre conceptos básicos como el consumo de batería, la capacidad o los tipos de cargadores.
La conclusión es clara: la electrificación no depende únicamente de poner más vehículos eléctricos en circulación. Necesita infraestructura, formación, acompañamiento al conductor y una planificación realista de los usos diarios.

La renovación de flotas, una palanca de seguridad vial
En materia de seguridad vial, el Arval Mobility Observatory 2026 aporta una lectura especialmente relevante. La tasa de accidentalidad de los conductores corporativos se mantiene estable en el 18%, con predominio de siniestros leves. El informe vincula esta estabilidad, pese al aumento de los kilómetros recorridos, con la renovación de las flotas y la incorporación de tecnologías de seguridad activa.
Los sistemas avanzados de ayuda a la conducción, conocidos como ADAS, desempeñan un papel determinante. Según el estudio, el renting se consolida como uno de los grandes motores de seguridad en las carreteras españolas: el 71% de sus vehículos incorpora estas ayudas, frente al 42% de los modelos adquiridos mediante compra directa.
Esta diferencia muestra hasta qué punto la renovación periódica del parque corporativo puede contribuir a mejorar la seguridad vial. Vehículos más nuevos, mejor mantenidos y equipados con asistentes de conducción permiten reducir riesgos, anticipar situaciones críticas y compensar, en parte, los efectos de un parque nacional todavía envejecido.
Pero el informe también advierte de un riesgo: la tecnología por sí sola no basta. La seguridad depende de cómo se utiliza, de la formación del conductor, del mantenimiento preventivo y de la capacidad de las empresas para convertir los datos en decisiones útiles.
Vehículo conectado y telemetría: una oportunidad pendiente
Uno de los aspectos más llamativos del informe es el estancamiento en la implantación del vehículo conectado y la telemetría. Las cifras se mantienen prácticamente iguales a las del año anterior: un 31% en turismos y apenas un 18% en vehículos comerciales.
Esta ralentización revela una dificultad habitual en la digitalización de la movilidad: no basta con instalar tecnología, también hay que saber gestionarla. La telemetría permite identificar patrones de riesgo, optimizar rutas, controlar consumos, planificar mantenimientos y mejorar la eficiencia. Pero para que todo esto tenga impacto real, las empresas necesitan sistemas de análisis, protocolos claros y una cultura preventiva.
En seguridad vial laboral, esta información puede ser especialmente valiosa. Detectar frenazos bruscos, excesos de velocidad, hábitos de conducción ineficiente o necesidades de mantenimiento permite actuar antes de que se produzca el accidente. La clave está en pasar del dato acumulado al dato útil.
El renting gana peso como modelo de movilidad segura
El Barómetro confirma también el peso creciente del renting en la gestión de flotas. El 47% de las compañías españolas lo elige ya como método de financiación, y a tres años vista este porcentaje podría aumentar hasta el 56%.
Desde el punto de vista de la seguridad vial, el renting presenta varias ventajas: favorece la renovación periódica de los vehículos, facilita el acceso a sistemas ADAS, incorpora mantenimiento preventivo y permite una gestión más profesionalizada del ciclo de vida del vehículo.
El informe también destaca el avance de los vehículos de ocasión en las flotas corporativas. El 39% de las empresas ya cuenta con modelos usados, una tendencia que puede ayudar a dinamizar el mercado si esos vehículos proceden de flotas renovadas, con menor antigüedad, buen mantenimiento y equipamiento de seguridad actualizado.
Tres décadas de seguridad vial: mucho avance, pero síntomas de estancamiento
La edición 2026 del Arval Mobility Observatory incluye además un análisis especial sobre la evolución de la seguridad vial en España durante las últimas tres décadas, elaborado por FESVIAL. El informe identifica tres grandes etapas: una primera fase de elevada siniestralidad pero progresiva reducción de la gravedad de los accidentes; una segunda etapa de fuerte concienciación social y descenso histórico de víctimas; y una tercera fase, entre 2013 y 2024, marcada por un punto de inflexión y cierto estancamiento estructural.
España ha avanzado mucho en seguridad vial, pero recuperar el ritmo de reducción de víctimas exige nuevas respuestas. La movilidad es hoy más compleja, más diversa y más tecnológica. Conviven vehículos tradicionales, eléctricos, flotas corporativas, usuarios vulnerables, nuevas formas de movilidad y entornos urbanos más regulados.
En este contexto, la seguridad vial no puede depender solo de la vigilancia o de la sanción. Debe integrarse en la planificación de la movilidad, en la gestión empresarial, en la formación, en la renovación del parque, en el mantenimiento y en el diseño de soluciones tecnológicas centradas en las personas.
Tecnología útil, movilidad segura
El mensaje de fondo del Arval Mobility Observatory 2026 es que la movilidad corporativa avanza con rapidez, pero su éxito dependerá de cómo se gestione esa velocidad. La electrificación, los ADAS, la telemetría, la conectividad o la inteligencia artificial ofrecen enormes oportunidades para mejorar la seguridad, reducir emisiones y aumentar la eficiencia.
Pero también plantean nuevos desafíos: distracciones por pantallas, exceso de confianza en los sistemas automatizados, uso inadecuado de los datos, falta de formación o infraestructuras insuficientes.
La movilidad del futuro no será más segura solo porque los vehículos sean más tecnológicos. Lo será si empresas, administraciones, fabricantes, gestores de flotas y conductores son capaces de convertir esa tecnología en prevención, conocimiento y decisiones responsables.
En un momento en el que las flotas corporativas se consolidan como una palanca de transformación del mercado, su papel puede ser decisivo también para avanzar hacia una movilidad más segura, sostenible y conectada. El reto ya no es solo moverse más. Es moverse mejor, con menos riesgos y con una visión más responsable de cada desplazamiento.





