¿Estamos locos? ¿Sabemos lo que queremos?

La Dirección General de Tráfico hace balance provisional de su operación especial Semana Santa 2025: 26 vidas más truncadas en las carreteras con un aumento de la movilidad sobre la misma operación de 2024 del 8,4% como principal argumento. Una vez más, otra semana de la marmota.

Con un guiño buenista la DGT puso todo el peso del mensaje a los conductores en los beneficios para la sociedad que comporta y conlleva su equipo de medios aéreos, los helicópteros Pegasus.

Desmarcandose de su principal tarea de vigilancia y control, suavizando su percepción de labor sancionadora al infractor, al delincuente vial y al incívico que, convencido de que la carretera es suya, abusa de la empatía y educación del resto de usuarios. Rechazando el matiz recaudatorio de los medios mecánicos de vigilancia y control que deben garantizar una movilidad segura.

La realidad es que el presupuesto, el dinero público, que pagamos todos los contribuyentes, no es utilizado con eficacia, Faltan claramente medios humanos en las carreteras, que auxilien y ayuden al ciudadano si es necesario. Pero que también impongan y hagan respetar la ley, el orden y la norma, dictada para todos por igual, con la finalidad principal de proteger al ciudadano y salvar sus vidas. Faltan árbitros que hagan cumplir las reglas de juego y puedan expulsar, respaldado legalmente, al incívico que comete faltas y causa lesiones.

¡¡ Safety Car en pìsta !!

La medida que más infracciones y siniestros evita en las carreteras es la presencia física de los efectivos de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. De entrada, cuando los conductores los vemos patrullando, levantamos el pie del acelerador, nos apretamos en el vacío carril derecho, dejamos el móvil, comprobamos si todos los ocupantes del vehículo llevamos el cinturón de seguridad correctamente abrochado y hacemos un rápido chequeo de que todo está en orden.

El efecto safety car, con todo su sentido y significado, consigue que se respeten los límites de velocidad, ajustemos la distancia de seguridad necesaria en cada caso, no adelantemos innecesariamente y nos olvidemos de asumir riesgos absurdamente. Al menos durante algunos kilómetros en los que nos dure el efecto de la vacuna.

Y en caso de necesidad, estarán próximos para intervenir, auxiliar, socorrer, regular el tráfico para evitar que un pequeño incidente pueda derivar en tragedia de consecuencias fatales e irreversibles.

También es preciso recordar que su entrenamiento, formación y preparación como policía preventiva, les lleva a detectar actitudes peligrosas y comportamientos temerarios en los conductores, muchas veces influenciados por el consumo de alcohol, sustancias estupefacientes y psicofármacos, otras, simplemente, por falta de formación vial, o por sufrir estados de enajenación, somnolencia, fatiga, estrés, etc, neutralizarlos y evitar siniestros con perdida de vidas inocentes.

La realidad es que, ante el cacareado aumento del número de desplazamientos, batiendo sus propios récords operación tras operación, con más conductores sobre el asfalto, con vehículos cada vez más viejos, mal mantenidos y sin la ITV en vigor, con volúmenes preocupantes de sanciones por excesos de velocidad, por manipular el móvil al volante, por dar positivo en alcohol y drogas en controles puntuales, por no llevar el cinturón de seguridad abrochado…real y tristemente lo único que va mermando es el número de efectivos de agentes de la Guardia Civil que la DGT saca a las carreteras para protegernos de estos datos.

Y los volúmenes preocupantes de sanciones lo son, no por la cantidad económica recaudada, objeto de crítica de muchos, sino por la enorme cantidad de infractores que no parecen preocupar ni tomar como un indicador de las borrascas viales que se avecinan. 

De hecho informes de hace ya mucho tiempo, tanto o más que los años que lleva la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil al servicio de los conductores y usuarios, señalan que los agentes cuando no están de servicio, o viajan en vehículos camuflados o de uso particular, ven hasta un 30% más de infracciones cometidas por aquellos que se creen a salvo del ojo de halcón arbitral,

La conclusión es clara. La pregunta entonces es si nos interesa más prevenir o sancionar.

¿Haríamos un anuncio de corte buenista sobre la violencia de género?

Con todo el respeto que merecen las víctimas de todo tipo, por la causa que sea, no es de recibo la indiferencia y olvido a la que reiteradamente se somete a las que son consecuencia de siniestralidad y violencia vial.

La campaña del helicóptero, con el mensaje buenista de que aquí no estamos para sancionar sino para cuidarte y protegerte, no parece que hayan hecho mínima mella en los conductores reincidentes o multirreincidentes, en los que se ponen al volante una y otra vez ebrios y con el permiso retirado por enésima vez, en los que pisan el acelerador despreciando la vida de los demás, no respetan los pasos de peatones, las preferencias de paso o las señales de stop, ni en la conductora, sin carnet de conducir y bajo los efectos del alcohol. que arrolló a varias personas que estaban en una terraza de la localidad malagueña de Fuengirola llevándose por delante dos vidas y daños graves a otras diez personas, ni en el conductor temerario de la AP7 que embistió a gran velocidad a seis vehículos, causando la muerte al ocupante de uno de ellos y dejando numerosos heridos de diversa consideración, algunos en estado crítico.

Por supuesto que ni el anuncio, ni el helicóptero ni la DGT han podido evitar la pérdida de las 26 vidas que se han truncado esta Semana Santa en las carreteras, ni han ayudado a los heridos, ni a los familiares y amigos.

Y sería impensable hacer algo similar orientado a las víctimas de violencia de género, machista, vicaria, etc

Entre dos y tres personas han fallecido cada día a consecuencia del tráfico esta Semana Santa

Si las víctimas del tráfico, de la violencias vial, no son números, son personas, con nombres y apellidos, familia, amigos, compañeros, proyectos de vida, aficiones, por qué una y otra vez los enterramos en frías estadísticas.

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Si las víctimas del tráfico y la violencia vial son personas, exactamente igual que sufren violencia de género, vicaria, odio, machista, delincuencia común, terrorismo, maltrato, abusos, trata… etc por qué las tratamos de diferente forma, las tratamos de ocultar y minimizar a los ojos de la sociedad, evitando que tome conciencia del problema real que nos asola.

Sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anuncia un aumento de 10.500 millones de gasto en Defensa para cumplir los compromisos de la OTAN y se compromete a alcanzar el 2% del PIB este mismo año, asegurando que el plan aprobado no será votado en el Congreso.

Nos tenemos que armar y defender de un potencial enemigo exterior, mientras cada día mueren como chinches cinco personas en las calles y carreteras españolas, víctimas de un riesgo real y próximo. Y no nos tiembla el pulso. ¿Dónde está nuestra conciencia ciudadana?.

Sin embargo, no hay presupuesto para salvar vidas, mejorar el parque automovilístico modernizándolo con los sistemas de seguridad avanzados; conservar, mantener y arreglar carreteras; invertir en sanidad, salud y, sobre todo, en educación de calidad y formación vial continuada a lo largo de todo el ciclo vital. No hay presupuesto para incrementar el número de agentes de tráfico de la Guardia Civil y mejorar sus condiciones laborales y equipamiento.

No hay presupuesto para garantizar y tener herramientas para defender el artículo 15 de la Constitución Española, que establece que todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, y que en ningún caso pueden ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes.

La DGT pasa de la tragedia al juego estadístico:

  • Aumentan los fallecidos por colisiones frontales (+3), laterales y frontolaterales (+2) y descienden los producidos por salidas de vía (-2).
  • 12 fallecidos eran usuarios vulnerables: 8 motoristas, 2 peatones y 2 ciclistas.
  • 7 de los 14 fallecidos en turismos y furgoneta de los que se conoce el uso del cinturón, no hacían uso del mismo.

Esta cifra supone una víctima mortal menos con respecto a la Semana Santa del pasado año, en un contexto en el que los movimientos de largo recorrido han aumentado un 8,4%. En concreto, durante los 10 días y medio de operación, se han registrado 16,7 millones de desplazamientos.

A continuación, se detallan las características específicas de la siniestralidad de esta Semana Santa:

  • Por tipo de vía: Descienden los fallecidos en autopista o autovía, con 2 fallecidos menos que en la Semana Santa de 2024. En esta ocasión, el predominio de fallecidos en carreteras convencionales es aún más acusado puesto que algo más de 8 de cada 10 lo han hecho en este tipo de vías.
  • Por tipo de accidente: Aumentan los fallecidos por colisión frontal (+3) y por colisión lateral y frontolateral (+2).

Por el contrario, descienden los fallecidos por salidas de vía con 3 fallecidos menos que en la Semana Santa de 2024.

  • Por medio de desplazamiento: 12 de los fallecidos esta Semana Santa eran usuarios vulnerables: 8 motoristas, 2 peatones y 2 ciclistas.

Aumentan también los fallecidos en turismos, con 2 fallecidos más que en 2024, siendo además el medio de desplazamiento que más vidas perdidas registra.

  • Por grupo de edad: La franja que mayor incremento en cuanto a fallecidos ha registrado ha sido la de 45 a 54 años, con 9 víctimas mortales frente a las 5 del año pasado, siendo, además, el grupo de edad que representa el mayor número de personas fallecidas.
  • Por tramo horario: La franja horaria que mayor número de personas fallecidas ha registrado ha sido la comprendida entre las 14:00 y las 19:59 horas de la tarde, con 10 víctimas mortales, 2 más que en 2024.
  • Uso de dispositivos de seguridad: 7 de los 14 fallecidos en turismos y furgoneta de los que se conoce el uso del cinturón (6 y 1 respectivamente), no hacían uso del mismo.
  • Por día de siniestro: El domingo 13 de abril fue el día en el que más víctimas mortales se produjeron, con 7 fallecidos.
  • Por Comunidades Autónomas: Cataluña es la comunidad que registra un mayor número de personas fallecidas con 5 víctimas mortales, además de ser también la que más aumenta con respecto al año pasado (+4).

Hay que destacar el hecho de que 7 comunidades (Principado de Asturias, Extremadura, Galicia, País Vasco, La Rioja y Ceuta y Melilla) no hayan registrado ninguna víctima mortal.

En lo que llevamos de año han fallecido en las carreteras 317 personas, 5 menos que en el mismo periodo del pasado año. (cuando lo correcto seria indicar que llevamos 317 muertes más, o además, de las que sufrimos en 2o24 y así sucesivamente).

Con todo respeto y dolor, en lo que va de 2025, se han registrado nueve mujeres víctimas mortales por violencia de género en España, según datos del Ministerio de Igualdad. Desde 2003, el número total de mujeres asesinadas por violencia de género asciende a 1.303. Siguen siendo muchas, tienen todo el reconocimiento de la sociedad y el rechazo social hacia estas conductas es un elemento fundamental para la erradicación.

En lo que llevamos de 2025 han fallecido 61 mujeres por violencia vial, 14 más que en el mismo periodo de 2024, año en que fallecieron 209 mujeres en siniestros viales evitables. Entre 2015 y 2024, 2.180 mujeres han perdido la vida en las carreteras españolas. Son datos de la propia DGT.

Proyecto de país

¿Hay niveles altos de movilidad? Por supuesto. Somos una sociedad viva. ¿Eso significa que irremediablemente tenemos que morir en siniestros viales? Absolutamente no.

De hecho afortunadamente también se registran días con cero víctimas mortales, lo que avala esta probabilidad que parece incomodar. Sin embargo lo esgrimimos con la misma frialdad que si dijéramos que puesto que cada día miles de mujeres y hombres tienen que convivir en su día a día es inevitable que se produzca violencia entre ellos y ellas causando víctimas mortales, con tremendos daños colaterales, y mirar para otro lado.

Como dice el profesor Luis Montoro, catedrático de Seguridad Vial, pàrafraseando a Victor Hugo, autor de Los Miserables, «puesto que la inmensa mayoría de los siniestros viales son prevenibles, predecibles y evitables, dejar morir a alguien sabiendo cómo evitarlo, teniendo los medios necesarios, el conocimiento adecuado y no hacer lo suficiente por salvar la vida es imperdonable y tiene que pesar sobre nuestras conciencias».

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