El calor, los viajes largos y el coche cargado elevan la exigencia sobre los neumáticos. Los últimos datos disponibles recogidos por FESVIAL contabilizan 160 siniestros con víctimas relacionados con anomalías en los neumáticos durante el verano de 2024, con 14 personas fallecidas. Antes de salir de viaje, la presión, el desgaste y el estado general de las cubiertas merecen tanta atención como el equipaje o el aire acondicionado.
Neumáticos en verano: el calor no se combate bajando la presión
La operación salida comienza mucho antes de poner el coche en marcha. Revisamos el itinerario, comprobamos los niveles, cargamos el maletero, preparamos el climatizador y calculamos la hora de salida. Pero con demasiada frecuencia olvidamos el único elemento del vehículo que mantiene un contacto permanente con la carretera: los neumáticos.
No es un detalle menor. Según los datos recogidos por FESVIAL, solo el 31% de los conductores revisa la presión una vez al mes, la frecuencia recomendada. Un 9% reconoce hacerlo casi nunca o nunca, mientras que un 8% admite no comprobarla antes de iniciar un desplazamiento largo de vacaciones.
En verano, ese descuido puede tener más consecuencias. El coche viaja más cargado, recorre más kilómetros seguidos y circula sobre un asfalto que puede alcanzar temperaturas muy elevadas. No son factores aislados: se acumulan y exigen más a los neumáticos, especialmente cuando la presión no es la adecuada o el desgaste ya es visible.

El calor no justifica bajar la presión
Uno de los errores más extendidos consiste en pensar que, con el asfalto caliente, conviene reducir la presión de las ruedas. Es justo al contrario: la presión debe ser siempre la indicada por el fabricante del vehículo, medida en frío y adaptada a la carga prevista.
La presión correcta no es una cifra universal. Puede variar entre el uso habitual y los viajes con el maletero lleno, varias personas a bordo o una baca instalada. Esa información está habitualmente en el manual, en el marco de la puerta del conductor o en la tapa del depósito de combustible. La DGT recomienda comprobarla, como mínimo, una vez al mes y antes de un viaje largo, teniendo en cuenta la carga que transportará el vehículo.
Circular con poca presión aumenta la deformación del neumático, eleva su temperatura de funcionamiento y acelera el desgaste. En el extremo opuesto, una presión excesiva reduce la superficie de contacto con el asfalto y también puede afectar al agarre y a la estabilidad. El objetivo no es “compensar” el calor, sino mantener la presión correcta en las condiciones para las que se ha diseñado el vehículo.

Equipaje, pasajeros y kilómetros: la carga cambia las reglas
La presión recomendada para una conducción cotidiana no siempre es la misma que debe emplearse en un viaje de verano. Cuando el vehículo lleva cuatro o cinco ocupantes, maletas, sombrillas, bicicletas o material de vacaciones, el peso total aumenta y el neumático soporta un esfuerzo mayor.
Por eso es importante consultar la tabla de presiones del fabricante y utilizar la configuración prevista para carga elevada cuando corresponda. No basta con comprobar que la rueda no parece baja: un neumático puede haber perdido presión sin que el conductor lo perciba a simple vista.
Antes de salir, conviene comprobar los cuatro neumáticos y la rueda de repuesto, si el vehículo la equipa. También hay que revisar las válvulas y asegurarse de que mantienen sus tapones, un elemento sencillo pero necesario para protegerlas frente a suciedad y pequeñas fugas.
El dibujo legal no siempre es el dibujo seguro
La profundidad mínima legal del dibujo es de 1,6 milímetros. Pero esperar a ese límite para sustituir un neumático es una mala estrategia, sobre todo en verano, cuando una tormenta intensa puede transformar en segundos una carretera seca en una superficie con agua acumulada.
Un dibujo con profundidad suficiente ayuda a evacuar el agua y reduce el riesgo de aquaplaning. La DGT recomienda no apurar el neumático y plantea su sustitución cuando el dibujo se aproxima a los 3 milímetros, especialmente si se circula con frecuencia por zonas de lluvia o se afrontarán viajes largos.
Además del desgaste, hay que realizar una inspección visual: cortes, grietas, bultos, deformaciones, objetos incrustados o desgaste irregular son señales que justifican acudir a un profesional antes de viajar.

Calidad y mantenimiento: dos decisiones complementarias
El precio no debería ser el único criterio al elegir unos neumáticos. Las prestaciones de frenada en mojado, eficiencia, ruido y adherencia forman parte de la información que ofrece la etiqueta europea y permiten comparar productos de una misma medida.
Pero ningún neumático, por bueno que sea, puede compensar una presión incorrecta, un deterioro visible o una carga mal gestionada. La seguridad depende de la combinación entre un producto adecuado, una instalación profesional y un mantenimiento constante.
¿Son los neumáticos All Season una opción para el verano?
Los neumáticos All Season pueden ser una alternativa adecuada para conductores que buscan una solución equilibrada durante todo el año, pero no deben presentarse como la respuesta universal para cualquier vehículo, clima o tipo de conducción.
Conviene comprobar que respetan las medidas, el índice de carga y el código de velocidad homologados para el vehículo. También es útil conocer la etiqueta europea, especialmente el comportamiento en mojado. El distintivo 3PMSF acredita que el neumático ha superado un ensayo específico de rendimiento sobre nieve compactada; no sustituye la comparación del resto de prestaciones ni convierte automáticamente un producto en el más conveniente para todas las condiciones estivales.
Diez minutos antes de salir pueden evitar muchos problemas
La revisión de los neumáticos no debería limitarse a la víspera de las vacaciones. Convertirla en un hábito mensual reduce el riesgo de llegar tarde a detectar una pérdida de presión, un desgaste irregular o un daño en el flanco.

Antes de un viaje largo, basta con dedicar unos minutos a comprobar:
- Presión en frío, incluida la rueda de repuesto.
- Presión prevista para vehículo cargado.
- Profundidad y uniformidad del dibujo.
- Cortes, bultos, grietas o elementos clavados.
- Estado de las válvulas y presencia de los tapones.
- Adecuación de los neumáticos a las especificaciones del vehículo.
El verano eleva la exigencia, pero no obliga a improvisar. La mejor respuesta al calor, al peso extra y a los kilómetros no es bajar la presión: es viajar con los neumáticos correctamente revisados.





