La Última curva
Seguridad Vial en España: Entre Avances y la Costumbre de Jugar con la Suerte
Por David Landazábal
Nuevas medidas que nos hacen pensar que hay esperanza
En los últimos días, España ha dado algunos pasos interesantes en la mejora de la seguridad vial. Uno de los ejemplos más llamativos es la implementación de la famosa «línea roja» en la A-355, conocida como la carretera del miedo en Andalucía. Este simple trazo en el asfalto, que prohíbe adelantar en un tramo peligroso, ha generado tanto impacto que hasta Portugal se está planteando copiar la idea. Increíble: una línea en el suelo consigue más que cientos de campañas de concienciación.
En Madrid, concretamente en Paracuellos de Jarama, las autoridades han instalado señales luminosas en pasos de peatones y nuevos semáforos con pulsador cerca de colegios. Una medida básica, sí, pero necesaria. En un mundo donde la gente cruza la calle con la mirada fija en su móvil, cualquier cosa que brille y haga ruido puede ser la diferencia entre llegar a casa o acabar en un parte de tráfico.
El lado oscuro de las carreteras
Pero no todo son buenas noticias. En 2023, los radares de la DGT denunciaron a más de 3,3 millones de conductores por exceso de velocidad. Lo más preocupante es que 50 radares son responsables de más del 30% de las denuncias, lo que sugiere que hay tramos de carretera donde la gente se cree en la parrilla de salida de un Gran Premio.
En Mérida, la siniestralidad vial ha bajado un 41% en un año. Buenas cifras, aunque siguen registrándose atropellos por imprudencias. Es curioso cómo la gente sigue jugando a Frogger en la vida real, pensando que los coches frenarán mágicamente porque ellos tienen prisa.
Reflexión : el instinto de supervivencia, ese gran desconocido
España sigue avanzando en seguridad vial, pero la pregunta es: ¿por qué seguimos necesitando prohibiciones y señales luminosas para hacer cosas que deberían ser de sentido común? Es decir, si hace falta pintar una línea roja para que la gente no se mate adelantando en una curva ciega… tal vez tenemos un problema más profundo.
Parece que la prudencia ha pasado de moda, y la gente prefiere confiar en sus «habilidades de conducción» en lugar de en las normas. Y, claro, después vienen los lloros, las multas y el clásico «es que no lo vi». Curioso, porque para leer los WhatsApp mientras se conduce, ahí sí que tenemos visión de halcón.
En fin, sigamos instalando más semáforos y líneas en el suelo, que al parecer la evolución todavía necesita un empujón para que algunos entiendan que la carretera no es un videojuego con vidas extra.
David Landazábal, defensor comprometido de la seguridad vial que, tras experiencias personales, me dedico a concienciar sobre la importancia de la responsabilidad al volante.




