La Última Curva
Semana Santa: entre la fe, la imprudencia y los partes de defunción
Por David Landazabal
El perdón no llega por el retrovisor
Terminó la Semana Santa. Algunos volvieron con fe renovada. Otros, con el coche arañado, el ego partido en dos y las lágrimas frescas.
Hay algo que se repite más que las saetas: los fallecidos en carretera.
26 personas fallecidas.
Casi una por cada paso procesional.
La DGT habla de una “ligera mejora respecto al año pasado”. Como si una decena menos en la lista negra fuera un triunfo.
Como si un niño de 10 años en Bailén, estampado contra un muro, pudiera entender eso.
Fuengirola: La terraza que se convirtió en trinchera
Jueves Santo, paseo marítimo. Una conductora sin carné y con alcohol en sangre arrolla la terraza de una pizzería. Dos muertos. Tres heridos graves. Un bebé entre los lesionados leves.
La imprudencia al volante no distingue entre calzadas y aceras
Girona, AP-7: Cuando uno decide que frenar es opcional
Un conductor temerario embiste a seis coches parados. Un muerto. Siete heridos.
¿La razón? No hay. Solo esa mezcla absurda de prisa, ego y estupidez que tantos confunden con “ir seguro”.
La DGT responde con 122 nuevos radares
Y no en los puntos negros.
No. En “zonas donde podrían pasar cosas”.
Traducción: el radar te saltará en el único tramo donde pensabas que podías respirar.
El mensaje es claro: cuidado, la estupidez también se vigila por satélite.
Reflexión Final:
Hemos convertido las carreteras en campos de fe o en ruletas.
Algunos creen que con poner una pegatina de la Virgen del Rocío ya está todo hecho.
Otros, que con pasar el radar a 118 están dentro del margen.
Y mientras tanto, los féretros salen más que los coches nuevos.
Porque sí, hay algo más típico que la tortilla en la gasolinera estas fechas:
el parte del hospital, la noticia con cifras frías, y la misma reflexión de siempre:
«Hay que hacer algo”.
Si, pero no esperes que lo hagan por ti, eso no va a pasar…
Pues eso: hazlo tú. No mires a la DGT. No mires a la Virgen. Mira el retrovisor, el semáforo, el puto volante. Y cambia de actitud.
Porque la fe salva almas.
Pero el freno, salva vidas.
David Landazábal, defensor comprometido de la seguridad vial que, tras experiencias personales, me dedico a concienciar sobre la importancia de la responsabilidad al volante.



