La lluvia reduce la visibilidad y la adherencia, alarga la frenada y puede provocar pérdidas de control por aquaplaning. Ante las fuertes precipitaciones registradas estos días, repasamos cómo debemos adaptar la conducción y qué elementos del vehículo conviene revisar para circular con mayor seguridad.

Conducir con lluvia exige cambiar nuestra forma de conducir.

Aunque estemos acostumbrados a una carretera determinada y conozcamos perfectamente nuestro vehículo, el agua modifica las condiciones de adherencia, reduce la visibilidad y aumenta el espacio necesario para detenernos.

Y no siempre el momento de mayor riesgo coincide con el de mayor intensidad de la precipitación.

Las primeras gotas pueden resultar especialmente peligrosas, porque el agua se mezcla con polvo, goma, grasa y suciedad acumulados sobre la calzada formando una película muy deslizante. La propia DGT recuerda que, con el pavimento mojado, las maniobras deben realizarse con mayor suavidad y anticipación y es necesario aumentar la distancia respecto al vehículo precedente.

Las primeras gotas también pueden ser las más peligrosas

Cuando empieza a llover, todavía no se ha limpiado la suciedad acumulada sobre la carretera.

La combinación de agua con restos de polvo, goma y grasa puede reducir considerablemente la adherencia, por lo que debemos evitar cualquier reacción brusca.

A medida que aumenta la precipitación aparece otro problema: la acumulación de agua.

Los neumáticos tienen que evacuarla para conservar el contacto con el asfalto. Cuando no pueden hacerlo aparece el conocido aquaplaning, una de las situaciones más delicadas que podemos encontrar al conducir con lluvia.

Por eso la primera decisión debe producirse antes incluso de que aparezca un problema:

reducir la velocidad y adaptar nuestra conducción a las condiciones reales de la carretera.

La DGT ya señalaba en sus recomendaciones de conducción con lluvia que la velocidad, la distancia de seguridad y la suavidad constituyen las tres claves fundamentales cuando el firme está mojado.

DGT: distancia de seguridad y suavidad al conducir con lluvia

Antes de salir: consultar el tiempo también es seguridad vial

Si las previsiones anuncian precipitaciones muy intensas, tormentas o riesgo de inundaciones, debemos valorar si el desplazamiento resulta realmente necesario.

Consultar la información meteorológica y el estado de las carreteras puede evitar que nos encontremos en mitad del recorrido con una situación para la que no estábamos preparados.

Especial precaución requieren los episodios de lluvia torrencial en zonas de:

ramblas;

cauces;

hondonadas;

valles;

riberas;

y carreteras próximas a cursos de agua.

Una tormenta intensa puede cambiar las condiciones de una carretera en pocos minutos.

Si resulta imprescindible viajar, es conveniente salir con suficiente combustible, teléfono móvil cargado y margen de tiempo para asumir posibles retenciones o desvíos.

La prioridad no debe ser mantener la hora prevista de llegada.

Debe ser poder completar el desplazamiento con seguridad.

Reducir la velocidad y aumentar la distancia de seguridad

Es probablemente la recomendación más importante.

Cuando llueve, necesitamos más espacio para detener el vehículo y disponemos de menos visibilidad para detectar lo que sucede delante.

A ello se suma el denominado efecto spray: el agua pulverizada por las ruedas de otros vehículos puede llegar a nuestro parabrisas y reducir todavía más la visión, especialmente cuando circulamos detrás de camiones, autobuses o vehículos de gran tamaño.

Por tanto:

menos velocidad y más distancia.

Cuanto mayor sea la intensidad de la lluvia y peor resulte la visibilidad, más debemos ampliar ese margen.

No tiene sentido mantener exactamente la misma velocidad y la misma distancia que utilizaríamos sobre asfalto seco.

La DGT recomienda precisamente adaptar la velocidad, incrementar la separación con el vehículo precedente y realizar progresivamente cualquier frenada o cambio de carril.

Con lluvia, todos los movimientos deben ser más suaves

El asfalto mojado reduce el margen disponible ante una maniobra brusca.

  • Acelerador.
  • Freno.
  • Dirección.
  • Cambio de carril.

Todo debe utilizarse de manera más progresiva.

Cuando nos aproximemos a una curva, conviene reducir la velocidad antes de entrar, evitando tener que realizar una frenada intensa cuando el vehículo ya está describiendo el giro.

Lo mismo sucede con los cambios de carril.

La maniobra debe realizarse progresivamente, señalizarse correctamente mediante los intermitentes y evitando movimientos rápidos del volante que puedan desestabilizar el vehículo.

Los sistemas electrónicos como ABS y ESP ofrecen una ayuda muy importante cuando disminuye la adherencia, pero no pueden eliminar las leyes de la física.

Un vehículo con ABS o control de estabilidad también necesita una velocidad adecuada y suficiente distancia para afrontar un imprevisto.

Ver y ser vistos: parabrisas, escobillas y alumbrado

La reducción de visibilidad es el otro gran riesgo asociado a la lluvia.

Por eso debemos revisar:

  • el estado del parabrisas;
  • las escobillas del limpiaparabrisas;
  • el líquido lavaparabrisas;
  • la luneta térmica;
  • el sistema de climatización;
  • y el alumbrado.

Unas escobillas deterioradas pueden dejar franjas de agua precisamente cuando más necesitamos distinguir lo que sucede delante.

También conviene mantener limpios los cristales por dentro, porque la humedad favorece que se empañen.

Cuando aparezca vaho, debemos utilizar el sistema de ventilación o climatización dirigido al parabrisas hasta recuperar una visibilidad adecuada.

¿Qué luces hay que utilizar cuando llueve?

Cuando las condiciones meteorológicas reducen sensiblemente la visibilidad, como ocurre con lluvia intensa, el Reglamento General de Circulación establece la utilización del alumbrado correspondiente.

Además, la luz antiniebla trasera debe utilizarse cuando las condiciones sean especialmente desfavorables, entre ellas la lluvia muy intensa.

Por ello, con lluvia intensa debemos utilizar el alumbrado adecuado para ver y ser vistos. La luz antiniebla trasera debe reservarse para condiciones especialmente desfavorables, como una lluvia muy intensa, ya que utilizada sin necesidad puede molestar y deslumbrar a quienes circulan detrás.

Reglamento General de Circulación: alumbrado con visibilidad reducida

Aquaplaning: qué ocurre cuando el neumático deja de tocar el asfalto

El aquaplaning aparece cuando se acumula entre el neumático y la carretera una cantidad de agua que el dibujo no puede evacuar suficientemente.

El neumático pierde parcial o totalmente el contacto con el firme y el vehículo puede dejar de responder con normalidad a las órdenes del conductor.

El riesgo aumenta con:

  • velocidad elevada;
  • mayor cantidad de agua acumulada;
  • neumático desgastado;
  • presión incorrecta.

La mejor forma de enfrentarse al aquaplaning es precisamente evitar que llegue a producirse, reduciendo la velocidad cuando observemos balsas o acumulaciones de agua.

Si aparece, hay que evitar reacciones violentas.

Levantar progresivamente el acelerador, mantener el volante firme y conservar la trayectoria resulta preferible a realizar frenazos o giros bruscos mientras el neumático todavía no ha recuperado la adherencia.

Cuando vuelva a existir contacto con la calzada podremos corregir la trayectoria de manera progresiva.

Los neumáticos son todavía más importantes cuando llueve

Los neumáticos son el único punto de contacto del vehículo con la carretera.

Con lluvia, su capacidad para evacuar agua resulta esencial.

Por eso debemos comprobar especialmente:

  • profundidad del dibujo;
  • presión;
  • desgaste irregular;
  • cortes o deformaciones;
  • y estado general de la banda de rodadura y los flancos.

Aquí realizaría otra pequeña corrección al original.

El texto habla de una profundidad mínima de “1,6 a 2 milímetros”. Legalmente, para los turismos la profundidad mínima establecida era de 1,6 milímetros, no un intervalo entre 1,6 y 2. El Reglamento General de Vehículos fijaba ya entonces ese mínimo.

BOE: requisitos de los neumáticos y profundidad mínima del dibujo

Llegar al mínimo legal tampoco significa que un neumático ofrezca exactamente las mismas prestaciones que cuando dispone de mayor profundidad de dibujo.

En lluvia, la capacidad de evacuar el agua adquiere una importancia especial.

 

La presión también condiciona el agarre

No debemos revisar únicamente el dibujo.

Una presión incorrecta modifica la forma en que el neumático trabaja y puede perjudicar la estabilidad, el desgaste y su capacidad para responder ante determinadas maniobras.

La presión debe ajustarse siempre a la recomendada por el fabricante del vehículo, teniendo también en cuenta la carga cuando corresponda.

Comprobarla regularmente forma parte del mantenimiento preventivo.

Y hacerlo antes de afrontar un desplazamiento con lluvia intensa puede evitar que una situación ya complicada se agrave por un neumático que no se encuentra en las condiciones adecuadas.

Frenos y amortiguadores también cuentan

Los neumáticos no trabajan solos.

El estado de los frenos y los amortiguadores también condiciona la capacidad del vehículo para detenerse y mantener correctamente la trayectoria.

Unos amortiguadores deteriorados pueden perjudicar la estabilidad y el contacto de los neumáticos con el firme.

Y unos frenos en mal estado reducen todavía más el margen disponible cuando debemos detenernos sobre una carretera mojada.

  • Discos.
  • Pastillas.
  • Líquido de frenos.
  • Amortiguadores.
  • Neumáticos.
  • Escobillas.
  • Alumbrado.

La seguridad bajo la lluvia empieza también antes de arrancar.

Especial precaución con las marcas viales y los motoristas

Las superficies pintadas pueden ofrecer un nivel de adherencia diferente al del asfalto cuando están mojadas.

Marcas viales, pasos de peatones y determinadas superficies metálicas requieren especial precaución.

El riesgo es todavía mayor para las motocicletas.

Un vehículo de dos ruedas dispone de una superficie de contacto con el firme mucho menor y cualquier pérdida de adherencia durante una frenada, aceleración o inclinación puede tener consecuencias inmediatas.

Por eso los motoristas deben evitar, siempre que resulte posible y seguro, realizar frenadas, aceleraciones bruscas o cambios pronunciados de trayectoria cuando están pasando sobre superficies especialmente deslizantes.

Si no vemos, no debemos seguir avanzando como si nada ocurriera

Una tormenta puede llegar a reducir la visibilidad hasta un punto incompatible con una conducción segura.

En esas circunstancias, reducir ligeramente la velocidad puede no ser suficiente.

Si no podemos distinguir adecuadamente la carretera, sus límites o los vehículos que circulan delante, debemos buscar un lugar seguro fuera de la calzada en el que detenernos hasta que mejore la situación.

La prioridad es evitar convertir nuestro propio vehículo en otro obstáculo dentro de una vía en la que los demás tampoco pueden ver correctamente.

Diez claves para conducir con lluvia

Podemos resumir las recomendaciones principales en diez:

  1. Consultar previamente la meteorología y el estado del tráfico.
  2. Reducir la velocidad desde las primeras gotas.
  3. Aumentar claramente la distancia de seguridad.
  4. Frenar, acelerar y girar con suavidad.
  5. Mantener neumáticos con presión y dibujo adecuados.
  6. Comprobar escobillas, parabrisas y climatización.
  7. Utilizar correctamente las luces para ver y ser vistos.
  8. Evitar balsas de agua y anticiparse al aquaplaning.
  9. Extremar la precaución en marcas viales y superficies deslizantes.
  10. Detenerse en un lugar seguro si la visibilidad no permite continuar.

La lluvia no convierte necesariamente un desplazamiento en peligroso.

Lo que aumenta el riesgo es conducir como si la carretera continuara estando seca.

Reducir velocidad, ampliar distancias, anticiparnos y mantener el vehículo correctamente son medidas sencillas que nos devuelven una parte del margen de seguridad que el agua acaba de quitarnos.

Fuente: DGT, FESVIAL, RACE, Autopista y otros

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