El Foro de Movilidad 2026 de Alphabet refleja un amplio respaldo ciudadano a la regulación de patinetes eléctricos circulando por las vías de uso publico y compartido. Su creciente presencia en las ciudades plantea un desafío que va más allá de las normas: proteger a los peatones, reducir los riesgos y conseguir una convivencia segura entre todos los usuarios de la vía.
Los patinetes eléctricos han encontrado su espacio en las ciudades españolas. Son una alternativa para los desplazamientos cortos, especialmente entre los más jóvenes, pero su expansión también ha abierto un debate sobre las condiciones en las que deben circular y los riesgos que puede generar su convivencia con peatones, ciclistas y vehículos a motor.
Según los resultados del Foro de Movilidad 2026 de Alphabet, publicados por Europa Press, el 92% de los españoles considera necesario adoptar medidas para ordenar la utilización de estos vehículos de movilidad personal (VMP).
El dato refleja un amplio consenso sobre la necesidad de actuar, aunque existen diferencias sobre cómo hacerlo.
Un 46% de los encuestados prefiere establecer reglas sobre la velocidad, los espacios de circulación y las condiciones de uso, mientras que otro 46% considera conveniente restringir su presencia en determinados lugares. Únicamente el 8% cree que no es necesario adoptar medidas específicas.
El debate, por tanto, ya no se limita a permitir o prohibir los patinetes, sino a determinar cómo integrarlos en las ciudades sin comprometer la seguridad de los demás usuarios.
Una movilidad en crecimiento que exige nuevas respuestas
El estudio confirma que los vehículos de micromovilidad eléctrica forman parte de los hábitos de desplazamiento de un número creciente de ciudadanos.
El 26% de los españoles utiliza habitualmente alguna de estas alternativas, dos puntos porcentuales más que el año anterior.
El patinete eléctrico continúa siendo el vehículo de micromovilidad más extendido: el 15% de los encuestados lo utiliza o lo ha utilizado en sus desplazamientos urbanos. Le siguen la bicicleta eléctrica, con un 12%, y la motocicleta eléctrica, con un 4%.
La presencia de estos vehículos es especialmente significativa entre los jóvenes. El 47% de las personas de entre 18 y 30 años reconoce haber utilizado alguna de las principales modalidades de micromovilidad eléctrica.
Por ciudades, Valencia y Sevilla destacan en la utilización de patinetes eléctricos, con porcentajes del 24% y el 22%, respectivamente.
Esta realidad confirma que la micromovilidad ha dejado de ser una alternativa ocasional. Su incorporación al tráfico urbano exige respuestas en materia de infraestructuras, regulación, vigilancia y educación vial.
Los peatones no deben perder su espacio
Uno de los principales retos de la movilidad urbana es evitar que la incorporación de nuevos vehículos se produzca a costa de la seguridad de quienes caminan.
Las aceras son espacios reservados a los peatones, entre los que se encuentran niños, personas mayores y ciudadanos con dificultades de movilidad o discapacidad.
La circulación indebida de patinetes por estos espacios puede generar situaciones de riesgo, especialmente cuando se combina con velocidades inadecuadas, maniobras imprevisibles o falta de atención.
Conviene recordar que los patinetes eléctricos tienen prohibido circular por las aceras y las zonas peatonales, de acuerdo con la normativa estatal.
La Dirección General de Tráfico lleva años insistiendo en esta cuestión mediante campañas como «Por la acera NO», destinadas a recordar que los vehículos de movilidad personal deben respetar las normas de circulación.
Pero la protección de los peatones no puede depender exclusivamente del comportamiento de quienes utilizan patinetes.
También es necesario diseñar espacios urbanos adecuados, reforzar la vigilancia y evitar soluciones improvisadas que trasladen el riesgo de unos usuarios a otros.
Regular no es suficiente si las normas no se cumplen
España dispone de un marco normativo que reconoce a los patinetes eléctricos como vehículos y establece obligaciones para sus usuarios.
Entre las principales condiciones de circulación se encuentran:
- Velocidad máxima de diseño de 25 km/h.
- Prohibición de circular por aceras, vías interurbanas, autopistas, autovías y túneles urbanos.
- Prohibición de utilizar el teléfono móvil o auriculares durante la conducción.
- Prohibición de circular bajo los efectos del alcohol o las drogas.
- Limitación a un único ocupante.
- Cumplimiento de las ordenanzas municipales que determinan las vías autorizadas y otras condiciones de circulación.
A estas normas se han añadido nuevas obligaciones relacionadas con la identificación y el aseguramiento de los vehículos.
Desde 2026, la regulación del registro de VMP permite identificar los patinetes y vincularlos a las exigencias de aseguramiento obligatorio previstas legalmente.
La DGT dispone de un procedimiento de inscripción de vehículos de movilidad personal que facilita su identificación administrativa.
No obstante, disponer de una regulación más completa no garantiza por sí solo un comportamiento seguro.
Las normas necesitan ser conocidas, respetadas y supervisadas. De lo contrario, el problema no desaparece: simplemente continúa trasladándose a las calles.
Ciudades más preparadas, aunque todavía queda camino
El Foro de Movilidad de Alphabet también recoge una mejora en la percepción ciudadana sobre la convivencia entre los distintos medios de transporte.
El 51% de los españoles considera que su ciudad está preparada para integrar automóviles, bicicletas, patinetes y otros vehículos, frente al 48% registrado en 2025.
Entre los jóvenes de 18 a 30 años, esta percepción favorable alcanza el 72%.
Sin embargo, el dato admite otra lectura: prácticamente la mitad de los ciudadanos todavía no considera que su ciudad esté preparada para esta convivencia.
No basta con incorporar nuevas formas de desplazamiento. Es necesario adaptar las infraestructuras, mejorar la señalización, reducir los puntos de conflicto y garantizar que cada usuario disponga de espacios y condiciones de circulación adecuados.
En este contexto, resulta especialmente relevante la reforma del Reglamento General de Circulación que entró en vigor el 1 de octubre de 2026, con un mayor protagonismo de la protección de los usuarios vulnerables y de la movilidad urbana.
La seguridad vial debe avanzar al mismo ritmo que la movilidad
El crecimiento de los patinetes eléctricos representa una oportunidad para diversificar los desplazamientos urbanos, pero también plantea nuevas responsabilidades.
Los usuarios de estos vehículos son vulnerables cuando comparten la calzada con automóviles, autobuses o vehículos pesados. Al mismo tiempo, pueden convertirse en un factor de riesgo para los peatones si circulan por espacios no autorizados o incumplen las normas.
La seguridad vial exige considerar ambas realidades.
Es necesario combinar regulación, formación, infraestructuras adecuadas, vigilancia y campañas de sensibilización, sin olvidar que las administraciones locales tienen una responsabilidad fundamental en la organización de la movilidad urbana.
La convivencia no se consigue únicamente aprobando normas. Se construye creando condiciones para que todos los usuarios puedan desplazarse sin ponerse en peligro unos a otros.
El respaldo del 92% de los españoles a la adopción de medidas debería interpretarse como una oportunidad para avanzar en esa dirección.
Porque la verdadera cuestión no es cuántos patinetes circulan por nuestras ciudades, sino en qué condiciones lo hacen y qué estamos haciendo para evitar que su crecimiento se traduzca en nuevos siniestros y víctimas.
La movilidad evoluciona. La seguridad vial debe hacerlo con ella.






