El motorista es uno de los usuarios más vulnerables de la vía, pero reducir su siniestralidad no depende únicamente de su comportamiento. Formación, equipamiento, motocicletas más seguras, carreteras mejor diseñadas y una mayor atención por parte del resto de conductores deben actuar conjuntamente. La DGT plantea para 2019-2020 un enfoque integral en el que la protección de quienes viajan sobre dos ruedas se convierte en una responsabilidad compartida.

La seguridad vial de los motoristas no puede abordarse pensando únicamente en el motorista.

Quien conduce una motocicleta debe respetar las normas, adaptar la velocidad, anticiparse a los riesgos, utilizar un equipamiento adecuado y mantener su vehículo en buenas condiciones.

Pero eso no basta.

Una maniobra incorrecta de otro conductor, una intersección mal resuelta, un firme deficiente, un sistema de contención inadecuado o una escasa visibilidad pueden convertir un error en un siniestro grave.

Por eso, cuando hablamos de reducir la siniestralidad de las motocicletas, la responsabilidad tiene que ser compartida.

La propia Dirección General de Tráfico parte de este planteamiento en su Plan de Medidas Especiales para la Seguridad Vial de Motocicletas y Ciclomotores 2019-2020, que propone actuar simultáneamente sobre la formación, la concienciación, la vigilancia, el vehículo, el equipamiento, las infraestructuras y la investigación.

Plan de Medidas Especiales para la Seguridad Vial de Motocicletas y Ciclomotores 2019-2020 — DGT

El motorista tiene 17 veces más riesgo de morir que el ocupante de un turismo

La vulnerabilidad física es la primera gran diferencia entre una motocicleta y un automóvil.

La moto carece de una carrocería que envuelva al usuario, de cinturones de seguridad o de una estructura capaz de absorber buena parte de la energía generada en una colisión.

Los estudios utilizados por la DGT estiman que, por kilómetro recorrido, el riesgo de morir de un motorista es 17 veces superior al de quien viaja en un turismo.

La desproporción aparece también al comparar el peso de estos vehículos dentro del parque con su presencia en las estadísticas de víctimas.

Motocicletas y ciclomotores representaban aproximadamente el 15% del parque de vehículos, pero concentraban el 22% de los fallecidos en siniestros de tráfico. Además, entre 2014 y 2017 los fallecidos en motocicleta habían aumentado un 25%, más que en cualquier otro medio de desplazamiento.

No se trata, por tanto, de demonizar la moto.

Se trata de reconocer que ante un mismo error, las consecuencias para quien circula sobre dos ruedas pueden ser mucho más graves.

La mayoría de los siniestros graves se concentra en carreteras convencionales

La carretera tiene una importancia decisiva.

El análisis realizado por la DGT señalaba que el 80% de los motoristas fallecidos o heridos hospitalizados en vías interurbanas entre 2013 y 2017 se concentró en carreteras convencionales.

Fuera de las intersecciones, las salidas de vía representaban el 39% de los fallecidos y heridos hospitalizados en motocicleta en vías interurbanas.

Estos datos obligan a mirar más allá del comportamiento individual.

Una carretera pensada para automóviles no siempre ofrece el mismo nivel de protección a una motocicleta.

  • Estado del pavimento.
  • Adherencia.
  • Gravilla.
  • Baches.
  • Marcas viales.
  • Curvas.
  • Márgenes.
  • Sistemas de contención.

Todos ellos pueden influir decisivamente en las consecuencias de una caída o pérdida de control.

Por eso el plan de la DGT incorpora específicamente una medida destinada a mejorar la infraestructura desde el punto de vista de los motoristas y plantea un enfoque integral que actúe sobre tres factores: persona, vehículo e infraestructura.

Velocidad, distracciones y prioridad: los principales factores de riesgo

El diagnóstico de la DGT permite identificar además algunos de los factores que aparecían con mayor frecuencia en los siniestros con motocicletas en vías interurbanas.

En 2017:

  • la velocidad estuvo presente en el 25% de los accidentes;
  • la conducción distraída, en el 23%;
  • el incumplimiento de la prioridad, en el 19%;
  • y no respetar el intervalo de seguridad, en el 14%.

Son cifras que recuerdan que la prevención exige trabajar sobre distintos comportamientos al mismo tiempo.

Para el motorista significa adecuar la velocidad, mantener margen de seguridad, anticiparse y evitar una conducción que convierta la carretera en un circuito.

Para los demás conductores significa igualmente mirar, señalizar, respetar prioridades y tener presente que una motocicleta puede encontrarse en lugares donde resulte menos visible.

No todos los accidentes de moto dependen del motorista

Aquí está una de las claves de esta entrada.

La seguridad vial de los motoristas no debe construirse sobre la idea de que cualquier siniestro en el que participa una motocicleta es responsabilidad de quien la conduce.

Los propios datos del Plan ofrecen una fotografía más compleja.

En el 25% de los casos, las víctimas motoristas se produjeron en accidentes en los que no estaba implicado otro vehículo ni un peatón.

Pero cuando participaba otro vehículo, el que aparecía con mayor frecuencia era un turismo, presente en el 52% de los casos de víctimas de motocicleta.

Esto no permite atribuir automáticamente la responsabilidad del accidente a uno u otro conductor.

Sí demuestra algo importante: la convivencia entre motocicletas y automóviles forma parte esencial del problema y, por tanto, también tiene que formar parte de la solución.

Ver al motorista antes de realizar una maniobra

Una motocicleta tiene unas dimensiones mucho menores que un turismo.

Eso puede dificultar su detección, especialmente:

en intersecciones;

al realizar un cambio de carril;

al incorporarse a una vía;

al girar;

o cuando se encuentra en determinados ángulos muertos.

Para el conductor de un automóvil, una comprobación adicional antes de iniciar una maniobra puede marcar la diferencia.

Mirar por los retrovisores.

Comprobar el ángulo muerto.

Utilizar los intermitentes con suficiente antelación.

Respetar la distancia de seguridad.

Y no iniciar un giro o una incorporación si existe cualquier duda sobre la presencia de otro usuario.

No se trata de conceder privilegios a la motocicleta.

Se trata de comprender que compartimos la misma vía con vehículos de características y niveles de vulnerabilidad diferentes.

Precisamente por eso, el Plan de la DGT contempla campañas específicas de información y concienciación sobre la convivencia entre la motocicleta y los demás modos de desplazamiento.

El motorista también debe anticiparse al error de los demás

Responsabilidad compartida no significa descargar al motorista de sus obligaciones.

Precisamente porque es más vulnerable, la conducción preventiva adquiere sobre una motocicleta todavía más importancia.

El motorista debe aprender a interpretar no solo lo que está haciendo el resto del tráfico, sino también lo que podría hacer.

Un coche detenido en una intersección puede arrancar.

Un vehículo puede cambiar de carril sin advertir nuestra presencia.

Una puerta puede abrirse.

Puede aparecer gravilla después de una curva.

Un conductor puede calcular incorrectamente nuestra velocidad al incorporarse.

La conducción defensiva consiste precisamente en conservar siempre un margen para afrontar el error propio o ajeno.

Y esa capacidad no se adquiere únicamente aprobando un examen.

Más formación, también después de obtener el permiso

La formación ocupa por ello un lugar destacado entre las medidas planteadas por la DGT.

El Plan propone reforzar la enseñanza previa al permiso e incorporar específicamente los factores de riesgo asociados a la conducción de motocicletas. La formación no pretende limitarse al aprendizaje de normas y señales: debe trabajar también las actitudes, la percepción del riesgo y la convivencia con los demás usuarios.

Pero aprender a conducir una motocicleta tampoco debería terminar el día que se obtiene el carné.

La DGT plantea fomentar los cursos voluntarios de conducción segura, destinados a evitar prácticas de riesgo, preparar al motorista para responder ante situaciones de peligro y mejorar tanto su conducción como el uso del equipamiento. Entre las medidas previstas figura incentivar estos cursos mediante una futura compensación de puntos, para lo que era necesaria una modificación normativa.

InfoVIAL ya analizó a comienzos de este mes el conjunto de propuestas que está preparando Tráfico:

La accidentalidad de los motoristas en el punto de mira de la DGT

Aquí mantendría cuidadosamente el futuro y el carácter de medidas previstas en 2019, ya que algunas necesitaban todavía desarrollo normativo.

El equipamiento reduce las consecuencias cuando no se ha podido evitar la caída

Evitar el accidente es siempre la primera prioridad.

Pero cuando este finalmente se produce, el equipamiento puede determinar la gravedad de las lesiones.

Casco.

Guantes.

Chaqueta.

Pantalones.

Botas.

Protecciones específicas.

Y sistemas como el airbag para motoristas.

El Plan de la DGT recoge investigaciones en las que el uso de chaqueta, pantalones específicos o guantes se asociaba con una reducción significativa del riesgo de lesiones y hospitalización.

Sin embargo, los datos disponibles mostraban todavía un margen importante de mejora: en los motoristas fallecidos en vías interurbanas analizados por la DGT, el uso de equipamiento adicional al casco se constataba en menos del 45% de los casos.

El casco continúa siendo indispensable, pero proteger únicamente la cabeza deja expuesto el resto del cuerpo.

José María Riaño, Secretario General de ANESDOR

Motocicletas más seguras para proteger al usuario más vulnerable

La tecnología también forma parte de la solución.

El Plan propone favorecer la incorporación de sistemas de seguridad a las motocicletas y estudiar su efectividad.

Frenos ABS, ayudas electrónicas y sistemas capaces de comunicar automáticamente un accidente empiezan a ampliar progresivamente la protección disponible sobre dos ruedas.

La DGT contempla además promover el airbag para motoristas y estudiar tecnologías que puedan aportar información sobre la gravedad de un accidente y reducir el tiempo de respuesta de los servicios de emergencia.

La evolución del vehículo puede evitar determinados errores o limitar sus consecuencias.

Pero, como sucede en el automóvil, la tecnología debe complementar al conductor y no convertirse en una justificación para asumir mayores riesgos.

Una carretera que perdone también los errores del motorista

Existe otra idea fundamental: no todos los accidentes pueden evitarse.

Las personas cometen errores.

El motorista también.

La cuestión es conseguir que un error no tenga necesariamente como consecuencia una lesión grave o la muerte.

Por eso la infraestructura adquiere especial importancia.

El Plan de la DGT plantea identificar las rutas más frecuentadas y con mayor siniestralidad de motocicletas, actuar sobre las carreteras desde la perspectiva específica de estos usuarios y combinar vigilancia e infraestructura en los itinerarios de especial riesgo.

El estado del firme, la adherencia, la señalización y los sistemas de protección deben considerar las características específicas de los vehículos de dos ruedas.

La carretera no puede evitar todos los errores.

Pero sí puede intentar perdonarlos mejor.

Conocer mejor los accidentes para prevenirlos

Hay todavía otro elemento imprescindible: saber cómo, dónde y por qué se producen los siniestros.

La última de las medidas del Plan está dedicada precisamente a mejorar el conocimiento de la siniestralidad de los motoristas y de la eficacia de los sistemas de seguridad.

La DGT plantea investigaciones en profundidad de accidentes, estudios sobre tecnologías de protección y un sistema de indicadores que permita valorar tanto la frecuencia de los siniestros como la movilidad y los comportamientos de riesgo.

Los datos permiten abandonar intuiciones y concentrar las medidas allí donde pueden resultar más eficaces.

Porque no todos los motoristas tienen el mismo perfil.

No todos utilizan la moto de la misma manera.

Y tampoco son iguales los accidentes urbanos que los que se producen en una carretera convencional durante el fin de semana.

La seguridad del motorista no empieza y termina sobre la moto

Reducir la siniestralidad de las motocicletas exige, por tanto, abandonar una visión demasiado simple del problema.

El motorista tiene responsabilidades.

Debe formarse.

Equiparse.

Mantener la moto.

Respetar las normas.

Adecuar la velocidad.

Y conducir anticipándose al riesgo.

Pero los demás conductores también deben verle, respetarle y comprender su vulnerabilidad.

Las administraciones deben diseñar y conservar carreteras que tengan en cuenta las características de las motocicletas.

Los fabricantes deben continuar desarrollando sistemas que eviten accidentes y reduzcan sus consecuencias.

Y la investigación debe proporcionar los datos necesarios para saber dónde actuar.

Esa es precisamente la filosofía que subyace en el Plan de Medidas Especiales 2019-2020.

La seguridad vial de los motoristas no es únicamente una cuestión de motoristas. Es tarea de todos.

Fuente: José M Riaño (ANESDOR) La Voz de Galicia

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