La Unión Europea daba en la primavera de 2019 un paso decisivo para reforzar la seguridad de los vehículos. Las instituciones comunitarias alcanzaban un acuerdo para que, a partir de 2022, diferentes tecnologías avanzadas de seguridad y asistencia a la conducción pasaran a formar parte del equipamiento obligatorio de los nuevos vehículos.

El Parlamento Europeo respaldó en abril el acuerdo alcanzado semanas antes con el Consejo. En ese momento todavía quedaba pendiente la adopción formal definitiva de la nueva regulación, pero la dirección estaba claramente marcada: aprovechar la tecnología para reducir el número y la gravedad de los accidentes de tráfico.

Europa avanza hacia la obligatoriedad de nuevos sistemas de seguridad

Entre las medidas previstas figuraban sistemas como la frenada automática de emergencia, el asistente inteligente de velocidad, la ayuda al mantenimiento de carril, la detección de marcha atrás o los dispositivos destinados a advertir al conductor ante situaciones de somnolencia o distracción.

La Comisión Europea estimaba que la extensión de estas nuevas medidas de seguridad podía evitar, a largo plazo, cerca de 25.000 fallecimientos y más de 140.000 lesiones graves en las carreteras europeas.

El objetivo era actuar especialmente sobre uno de los elementos que más intervienen en la siniestralidad: el error humano. La propia Comisión señalaba que aproximadamente el 90% de los accidentes estaban relacionados con errores de las personas.

Qué son los sistemas ADAS y cómo ayudan al conductor

Los ADAS —Advanced Driver Assistance Systems o Sistemas Avanzados de Asistencia a la Conducción— utilizan cámaras, radares, sensores y diferentes unidades electrónicas para reconocer situaciones potencialmente peligrosas.

Dependiendo del sistema, pueden limitarse a advertir al conductor o intervenir directamente sobre elementos del vehículo, como los frenos o la dirección.

Su finalidad no es sustituir a la persona que conduce, sino ayudarla cuando aparece una situación de riesgo, una distracción o un error de apreciación.

Entre sus aplicaciones se encuentran la detección de obstáculos, el mantenimiento de la trayectoria, la vigilancia del ángulo muerto, el control de la distancia de seguridad o la frenada automática ante una colisión inminente.

La frenada automática reduce hasta un 50% las colisiones por alcance

Uno de los sistemas que ya había demostrado una mayor eficacia era la frenada automática de emergencia (AEB).

Este sistema detecta mediante sensores la posibilidad de una colisión con el vehículo precedente. Si el conductor no reacciona a tiempo, puede advertirle y, en determinadas situaciones, aplicar automáticamente los frenos para evitar el impacto o reducir su velocidad y gravedad.

Los estudios realizados por el Insurance Institute for Highway Safety (IIHS) mostraban que la frenada automática reducía aproximadamente un 50% las colisiones por alcance registradas por la policía y un 56% las colisiones por alcance con lesiones.

Este dato debe interpretarse correctamente: no significa que todos los sistemas ADAS eviten una de cada dos colisiones de cualquier tipo. La reducción del 50% corresponde específicamente a determinadas colisiones por alcance en vehículos equipados con sistemas de frenada automática.

Precisamente por ello, la efectividad de cada ADAS depende del riesgo concreto para el que ha sido diseñado, de las condiciones de circulación y de sus capacidades técnicas.

ADAS no significa conducción autónoma

La incorporación progresiva de estos dispositivos supone un avance hacia vehículos capaces de asistir cada vez más al conductor, pero no debe confundirse con la conducción autónoma.

Los ADAS ayudan, avisan e incluso pueden intervenir en determinadas circunstancias, pero la responsabilidad de mantener la atención y controlar el vehículo sigue correspondiendo al conductor.

La tecnología puede corregir determinados errores, pero no elimina la necesidad de conducir de forma responsable, mantener una distancia adecuada, respetar la velocidad y permanecer atento a la carretera.

Tecnología para reducir las consecuencias del error humano

La importancia de los ADAS reside precisamente en su capacidad para actuar en situaciones en las que unas décimas de segundo pueden marcar la diferencia.

Una distracción, una reacción tardía, una pérdida momentánea de atención o una apreciación incorrecta de la distancia pueden terminar en una colisión. Sistemas como la frenada automática, la advertencia de salida de carril o la detección del ángulo muerto añaden una segunda línea de prevención.

InfoVIAL ya había abordado también el debate sobre la incorporación de la frenada automática de emergencia en Japón, especialmente en relación con los conductores de mayor edad.

El reto de extender los sistemas de asistencia a la conducción

La decisión europea suponía además un cambio importante: tecnologías que inicialmente habían aparecido como equipamiento opcional o reservado a determinados vehículos comenzarían progresivamente a extenderse a todo el mercado.

La seguridad dejaba así de depender exclusivamente de que el comprador eligiera determinados extras para avanzar hacia una incorporación generalizada de los sistemas capaces de evitar accidentes o reducir sus consecuencias.

La tecnología no puede eliminar por completo el riesgo. Pero la evidencia disponible mostraba ya en 2019 que determinados sistemas de asistencia podían intervenir con una eficacia muy significativa justo en el instante en que el conductor no reaccionaba a tiempo.

Y, en seguridad vial, evitar una colisión o reducir la velocidad del impacto puede significar evitar una lesión grave o salvar una vida.

Fuente Circula Seguro

 

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