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Cesvimap propone reforzar la valoración pericial de las lesiones cervicales leves con análisis biomecánicos adaptados a cada accidente

Un alcance a baja velocidad puede dejar una factura de reparación elevada. Un faro LED, un radar, un sensor o una pieza de carrocería pueden encarecer de forma notable la intervención en el taller. Pero el coste económico de arreglar un vehículo no explica, por sí solo, la energía que se produjo en el impacto ni permite determinar automáticamente sus posibles consecuencias para los ocupantes.

Esa es una de las principales ideas del nuevo estudio elaborado por Cesvimap, el centro de I+D de Mapfre, sobre la importancia del criterio de intensidad en la valoración de los traumatismos cervicales leves, habitualmente conocidos como latigazo cervical.

El trabajo plantea una cuestión de gran relevancia para víctimas, profesionales sanitarios, peritos, aseguradoras y tribunales: cómo analizar con rigor si las características de un siniestro son compatibles con la lesión alegada.

La respuesta, según Cesvimap, no puede basarse únicamente en datos genéricos, estadísticas, fotografías parciales o facturas de reparación. Requiere estudiar cada caso de forma individual, reconstruir la dinámica del impacto y analizar las variables físicas que ayudan a conocer la energía realmente implicada.

Reposacabezas correctamente ajustado en el asiento de un vehículo para reducir el riesgo de lesión cervica

El criterio de intensidad y el nexo causal

En España, el artículo 135 de la Ley sobre Responsabilidad Civil y Seguro en la Circulación de Vehículos a Motor establece varios criterios para valorar el nexo causal entre un accidente y una lesión cervical leve.

Entre ellos figuran el criterio de exclusión, el cronológico, el topográfico y el de intensidad.

Este último analiza si existe una adecuación razonable entre la lesión alegada y el mecanismo que pudo producirla. Es decir, no se trata solo de saber que hubo una colisión, sino de estudiar cómo fue, con qué vehículos, desde qué dirección, con qué deformaciones y bajo qué condiciones se produjo.

El análisis biomecánico puede aportar información relevante en ese proceso, pero conviene subrayar una diferencia esencial: el perito estudia las magnitudes físicas del siniestro; la valoración clínica corresponde a los profesionales sanitarios y, en su caso, a los médicos forenses.

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Qué variables ayudan a reconstruir un accidente

El estudio de Cesvimap centra la atención en varios parámetros técnicos que permiten aproximarse a la intensidad del impacto.

Uno de ellos es la variación de velocidad, conocida como delta V. No equivale a la velocidad a la que circulaba un vehículo antes del accidente, sino al cambio de velocidad que experimenta como consecuencia de la colisión.

También se analiza la aceleración, la velocidad equivalente de barrera —que permite relacionar la deformación observada con un impacto estándar contra una barrera rígida— y el coeficiente de restitución, que ayuda a interpretar cuánto movimiento y energía se disipan o se conservan tras el choque.

A estos cálculos deben añadirse otros elementos decisivos: las masas y versiones concretas de los vehículos, la geometría del impacto, los ángulos de entrada y salida, el tipo de colisión, los daños estructurales y la información disponible sobre los sistemas de seguridad pasiva.

No es lo mismo un alcance trasero con trayectorias longitudinales que un choque lateral u oblicuo, donde los vectores de movimiento y los ángulos de impacto exigen un análisis diferente.

Dummie mostrando la actividad cerebral

Por qué una reparación cara no siempre implica un impacto más severo

Los vehículos actuales incorporan tecnologías cada vez más complejas. Un golpe aparentemente limitado puede afectar a cámaras, sensores, radares, faros matriciales o componentes electrónicos cuyo coste de sustitución es alto.

Por esa razón, utilizar la factura del taller como indicador directo de la gravedad del impacto puede conducir a conclusiones equivocadas.

Lo relevante no es cuánto cuesta reparar el vehículo, sino qué daños se han producido realmente, qué partes de la estructura han intervenido, cómo se ha absorbido la energía y qué relación puede establecerse entre esa deformación y la dinámica del siniestro.

El análisis de los daños exteriores e interiores, comparado con ensayos y referencias técnicas, permite realizar una reconstrucción más precisa. También obliga a distinguir los desperfectos causados por el accidente analizado de aquellos que pudieran proceder de siniestros anteriores o del uso habitual del vehículo.

El reposacabezas no es un elemento de confort

La investigación recuerda, además, que el asiento y el reposacabezas son componentes fundamentales de la seguridad pasiva.

En un impacto trasero, el movimiento de la cabeza respecto al tronco puede aumentar el riesgo de lesión cervical. Un reposacabezas correctamente colocado ayuda a limitar ese desplazamiento y a reducir el efecto latigazo.

Por eso no debería considerarse un elemento secundario ni dejarse en una posición demasiado baja o alejada de la cabeza. Su altura y cercanía son relevantes tanto para la prevención de lesiones como para el análisis técnico posterior de un siniestro.

La seguridad de los ocupantes no depende solo de airbags o cinturones. También depende de una postura adecuada, del correcto ajuste del asiento y de que el reposacabezas cumpla su función protectora.

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Los datos del vehículo, una oportunidad para reducir incertidumbres

El avance tecnológico también abre nuevas posibilidades para mejorar la calidad de los informes periciales.

Los registradores de datos de evento, conocidos como EDR, pueden aportar información sobre variables como la aceleración o la variación de velocidad en determinados accidentes. Cuando esos datos están disponibles y pueden interpretarse correctamente, ayudan a reducir la incertidumbre y a reforzar la objetividad de la reconstrucción.

Sin embargo, no todos los vehículos cuentan con la misma capacidad de registro ni todos los siniestros generan información útil. Por eso, los datos electrónicos deben incorporarse como una fuente adicional dentro de un análisis completo, no como una solución aislada.

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Más rigor para proteger a todas las partes

La principal aportación del estudio de Cesvimap es su llamada a la trazabilidad técnica.

Cada hipótesis del informe debe poder explicarse: qué vehículo intervenía, qué masa tenía, qué daños presentaba, qué ángulo existía entre las trayectorias, qué parámetros se han utilizado y cómo se han obtenido las conclusiones.

Ese rigor no busca negar de antemano una lesión ni convertir un número en una sentencia. Busca evitar generalizaciones y mejorar la calidad de las decisiones que afectan a personas lesionadas, compañías aseguradoras, profesionales sanitarios y órganos judiciales.

La seguridad vial también se construye después del accidente: con mejores vehículos, sistemas de protección bien utilizados, investigación técnica rigurosa y una atención adecuada a las personas implicadas.

Porque en un siniestro, como en la prevención, cada detalle cuenta.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye la valoración médica, pericial o jurídica individualizada.

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