Conducir con calor: un riesgo para la atención, los reflejos y la seguridad

Las altas temperaturas no solo generan incomodidad al volante. El exceso de calor en el habitáculo favorece la fatiga, la somnolencia, las distracciones y el aumento del tiempo de reacción, además de reducir la capacidad para percibir correctamente lo que sucede en la carretera.

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Viajar en verano exige prestar una atención especial al estado del vehículo, planificar los horarios y mantener una temperatura adecuada en el habitáculo. El calor puede afectar a las capacidades del conductor y someter a componentes como los neumáticos, la batería o el sistema de refrigeración a unas condiciones especialmente exigentes.

Según FESVIAL, las altas temperaturas pueden aumentar entre un 15% y un 25% la posibilidad de sufrir un siniestro vial. Este incremento no se debe a una única causa, sino a la combinación de distintos factores humanos, ambientales y mecánicos.

conductora dormida al volante y sistema de detección de sueño en funcionamiento

Menos atención y más tiempo para reaccionar

Conducir es una actividad compleja que requiere mantener de manera constante la atención, interpretar numerosos estímulos y responder con rapidez ante cualquier imprevisto. El calor excesivo dificulta todas estas tareas.

Cuando aumenta la temperatura en el interior del vehículo, también lo hacen el cansancio, la somnolencia y la irritabilidad. La atención disminuye, se incrementa el tiempo de reacción y aparecen con mayor facilidad las distracciones.

Luis Montoro, catedrático de Seguridad Vial y presidente de honor de FESVIAL, advierte de que una temperatura superior a 35 ºC en el habitáculo puede producir efectos sobre la conducción comparables, en términos de deterioro de determinadas capacidades, a los asociados a una alcoholemia de entre 0,5 y 0,8 gramos por litro.

Esta comparación no significa que ambas situaciones sean idénticas, sino que permite dimensionar hasta qué punto el calor puede afectar al rendimiento del conductor. A unos 35 ºC pueden dejar de percibirse entre un 10% y un 20% de las señales de tráfico y aumentar de manera considerable los errores de conducción.

El calor también puede reducir la frecuencia con la que se consultan los retrovisores y provocar una conducción más impaciente o agresiva. Las retenciones, los retrasos y el deseo de llegar cuanto antes favorecen comportamientos como el exceso de velocidad, las maniobras precipitadas o una menor distancia de seguridad.

Fatiga, somnolencia y alteraciones de la visión

Las altas temperaturas aceleran la aparición de la fatiga, especialmente durante los desplazamientos largos. El riesgo aumenta si el viaje se realiza durante las horas centrales del día, después de una comida copiosa o sin haber descansado suficientemente.

La fuerte luminosidad y el aire caliente que desprende el asfalto también pueden producir fatiga ocular, deslumbramientos y efectos ópticos que dificultan la percepción de la carretera. Si a ello se suman mareos, dolor de cabeza o deshidratación, la capacidad para conducir con seguridad puede verse seriamente comprometida.

Una sudoración excesiva, calambres, cansancio intenso, mareos, náuseas, dolor de cabeza, confusión o dificultades para respirar son señales de alarma. Si aparecen, no se debe intentar continuar hasta el destino: hay que detenerse cuanto antes en un lugar seguro, salir del vehículo, buscar una zona fresca e hidratarse. Ante síntomas intensos o persistentes, debe solicitarse asistencia sanitaria.

Las altas temperaturas pueden reducir la atención, aumentar el tiempo de reacción y acelerar la aparición de fatiga y somnolencia. También someten a los neumáticos y otros componentes del vehículo a unas condiciones más exigentes.

Conductor con síntomas de somnolencia, sueño y sensación de calor.

El aire acondicionado también es seguridad vial

Mantener una temperatura adecuada dentro del automóvil no es solamente una cuestión de confort. La climatización ayuda a reducir la fatiga y a preservar la atención y la capacidad de reacción.

Antes de comenzar el viaje conviene abrir puertas y ventanillas para expulsar el aire acumulado en el interior, especialmente cuando el vehículo ha permanecido estacionado al sol. Durante los primeros minutos se puede mantener una ligera ventilación mientras funciona el aire acondicionado.

La temperatura del habitáculo debería situarse aproximadamente entre 21 y 24 ºC, evitando diferencias extremas respecto al exterior. Tampoco es aconsejable dirigir un flujo intenso de aire frío hacia la cara, los ojos o el pecho, ya que puede provocar sequedad ocular, molestias musculares o dolor de cabeza.

El sistema de climatización debe revisarse periódicamente. Si tarda demasiado en enfriar, desprende mal olor o produce un caudal insuficiente, puede necesitar mantenimiento, la sustitución del filtro del habitáculo o la comprobación del circuito.

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El vehículo también sufre las altas temperaturas

El calor intenso incrementa la exigencia que soportan distintos elementos mecánicos. Antes de realizar un viaje largo es recomendable comprobar:

  • La presión, el dibujo y el estado general de los neumáticos.
  • El nivel del líquido refrigerante y el funcionamiento del sistema de refrigeración.
  • El estado de la batería.
  • El nivel de aceite y del líquido limpiaparabrisas.
  • El funcionamiento del aire acondicionado.
  • Las escobillas y la limpieza del parabrisas.
  • La colocación y sujeción del equipaje.

Los neumáticos merecen una atención especial. Durante el verano pueden circular sobre un asfalto que supera ampliamente la temperatura ambiente. Si llevan una presión incorrecta, presentan daños o soportan un exceso de carga, aumenta su deformación y calentamiento, así como el riesgo de desgaste irregular, pinchazo o reventón.

La presión debe comprobarse con los neumáticos fríos y ajustarse a las indicaciones del fabricante, teniendo en cuenta si el vehículo va a viajar cargado. No se debe liberar aire de un neumático caliente, porque el aumento de presión durante la marcha es normal y está contemplado por el fabricante.

Diez recomendaciones para viajar con calor

Para reducir los riesgos durante los desplazamientos estivales conviene seguir estas pautas:

  1. Planificar el viaje y, siempre que sea posible, evitar las horas de mayor temperatura.
  2. Descansar adecuadamente antes de salir y no iniciar un trayecto largo después de una jornada agotadora.
  3. Ventilar el vehículo antes de comenzar la marcha.
  4. Mantener una temperatura confortable, aproximadamente entre 21 y 24 ºC.
  5. Llevar agua y beber con frecuencia, sin esperar a sentir sed.
  6. Evitar las comidas copiosas y no consumir alcohol si se va a conducir.
  7. Utilizar ropa ligera, gafas de sol adecuadas y un calzado que sujete correctamente el pie.
  8. Parar al menos cada dos horas o cada 200 kilómetros, y antes si aparece fatiga o somnolencia.
  9. Revisar los neumáticos, la refrigeración y la climatización antes de un desplazamiento largo.
  10. Mantener la atención hasta el final: el cansancio, la confianza y las ganas de llegar pueden hacer especialmente peligrosos los últimos kilómetros.

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Nunca dejar a una persona o un animal dentro del vehículo

Un automóvil estacionado al sol puede alcanzar en muy poco tiempo una temperatura muy superior a la exterior. Abrir ligeramente las ventanillas no evita el rápido calentamiento del habitáculo.

Nunca se debe dejar dentro del vehículo a un niño, una persona mayor, alguien con movilidad reducida o un animal, ni siquiera durante unos minutos. Tampoco cuando el coche se encuentre a la sombra, ya que la posición del sol cambia y la temperatura interior puede elevarse con rapidez.

El viaje termina cuando llegamos con seguridad y sin novedad

El calor, los atascos y los retrasos pueden generar impaciencia y hacer que aumente el ritmo de conducción precisamente cuando ya se acumulan varias horas al volante. Sin embargo, intentar recuperar tiempo mediante una mayor velocidad o reduciendo los descansos multiplica el riesgo.

Llegar unos minutos antes nunca compensa conducir con fatiga, somnolencia o una temperatura inadecuada. En verano, mantener fresco el habitáculo, hidratarse, cuidar el vehículo y saber detenerse a tiempo son también decisiones de seguridad vial.

logotipo de la Carta Europea de la Seguridad Vial (European Road Safety Charter) y lema "Nuestro compromiso salva vidas"

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