La intervención de Elisa Gil, presidenta de AMDA, en Posventa Iberia 2026 dibuja un negocio cada vez más complejo: ingresos condicionados por diferentes actores, mayores inversiones, profesionales especializados y una tecnología que obliga al taller a evolucionar.

Durante mucho tiempo, hablar de posventa era hablar fundamentalmente de reparación, mantenimiento, recambios y atención al cliente después de adquirir un vehículo. Todo eso continúa siendo cierto, pero se queda corto.
El taller actual se está convirtiendo en una empresa cada vez más tecnológica, especializada y condicionada por relaciones comerciales muy diferentes. Y esa transformación exige inversión, formación, capacidad de gestión y, en muchos casos, una dimensión empresarial suficiente para absorber unos costes que no dejan de crecer.
Ese fue uno de los principales mensajes trasladados por Elisa Gil, presidenta de AMDA y CEO de Grupo Gil Automoción–Movento Madrid, durante su participación en Posventa Iberia 2026, organizado por CESVIMAP en Ávila. El encuentro reunió a más de 600 profesionales y más de 30 panelistas de España y Portugal para analizar el futuro del sector.
La participación de Gil se produjo en la mesa “Del taller familiar al negocio escalable”, un título que resume buena parte del cambio: de una actividad tradicionalmente muy vinculada al empresario y a su entorno local hacia estructuras más profesionalizadas, procesos estandarizados, tecnología, datos y organizaciones capaces de crecer y ganar eficiencia.
Cuatro clientes y una cuenta de resultados cada vez más compleja
Uno de los aspectos más interesantes de la intervención de Elisa Gil fue su descripción de los cuatro grandes tipos de clientes o actores que condicionan la actividad de un concesionario.
Está el particular que acude directamente al establecimiento, pero también están las marcas y sus programas comerciales; las aseguradoras, con las que se negocian precios y condiciones; y las compañías de renting, que en muchas ocasiones determinan a qué taller debe acudir el vehículo.
No todos compran el mismo servicio, ni mantienen la misma relación con el concesionario, ni permiten idéntica capacidad para establecer precios.
Ese escenario tiene una consecuencia empresarial evidente: mientras una parte importante de los ingresos depende de condiciones negociadas o establecidas con terceros, por el lado de los gastos el concesionario debe asumir inversiones en instalaciones, equipamientos, maquinaria, herramientas, tecnología y personal cada vez más especializado.
La conclusión que planteó la presidenta de AMDA fue clara: “El tamaño y la diversidad del riesgo son críticos para mantenernos en el mercado”.
Intervención completa de Elisa Gil publicada por AMDA
La posventa ya sostenía el negocio cuando la venta se detenía
La reflexión no es nueva en el discurso de Elisa Gil.
Hace unos meses, en una extensa entrevista concedida a La Tribuna de Automoción, ya explicaba el papel estratégico que la posventa desempeña en la economía del concesionario.
La pandemia, la crisis de los semiconductores, las dificultades logísticas, la reducción de la producción y los posteriores cambios en las políticas de volumen pusieron a prueba durante varios años el negocio tradicional de venta de vehículos.
Mientras tanto, el taller continuó generando actividad.
Gil lo resumía entonces con una imagen especialmente gráfica: “La posventa es el tren que soporta la cuenta de resultados, pero la máquina la activa la venta”.
Venta y posventa, por tanto, no deberían entenderse como negocios independientes. La primera alimenta el parque de clientes; la segunda mantiene la relación con ellos durante años y aporta estabilidad, recurrencia e ingresos al concesionario.
Entrevista de Elisa Gil en La Tribuna de Automoción

El tamaño empieza a ser también una herramienta de negociación
La dimensión empresarial aparece de nuevo como un elemento importante.
En aquella entrevista, Elisa Gil defendía que disponer de volumen y representación permite generar masa crítica y afrontar negociaciones globales en mejores condiciones. También señalaba que el crecimiento de los grupos de distribución ha contribuido a equilibrar progresivamente la relación entre fabricante y concesionario.
No significa necesariamente que el futuro esté reservado exclusivamente a los grandes grupos. Sí significa que algunas inversiones, tecnologías o estructuras profesionales resultan más fáciles de amortizar cuando pueden distribuirse entre diferentes marcas, centros de trabajo o líneas de negocio.
Posventa Iberia puso precisamente sobre la mesa esa transformación. El sector observa una creciente integración de talleres en redes organizadas, mientras grupos de concesionarios y distribuidores están aumentando su presencia en el mercado de la posventa.
Tecnología: reparar un vehículo ya exige mucho más que mecánica
Hay además una dimensión especialmente relevante desde el punto de vista de InfoVIAL.
Los vehículos actuales incorporan cámaras, radares, sensores, unidades electrónicas y sistemas avanzados de asistencia a la conducción. Determinadas operaciones que hace unos años podían considerarse relativamente convencionales pueden requerir ahora diagnóstico electrónico, procedimientos específicos o recalibraciones.
Por tanto, cuando Elisa Gil habla de nuevas herramientas, maquinaria, inversión y especialización no se refiere únicamente a mejorar la productividad del taller.
También está en juego la capacidad de devolver el vehículo al usuario con todos sus sistemas funcionando dentro de los parámetros previstos.
InfoVIAL ya analizó esta cuestión a propósito de un estudio sobre talleres y ADAS. En aquella investigación, realizada sobre 75 establecimientos especializados, el 58% afirmaba estar preparado para reparar estos sistemas; un 26% reconocía necesitar mayor preparación y otro 16% todavía no se consideraba preparado. Entre las principales barreras aparecían la inversión necesaria en equipos y la cualificación del personal.
Los talleres y el reto de reparar correctamente los sistemas ADAS
Y es que un ADAS no termina su función cuando el vehículo sale de fábrica. Cámaras, radares y sensores necesitan continuar correctamente instalados, diagnosticados y calibrados después de determinadas reparaciones.
Por eso la evolución de la posventa también es una cuestión de seguridad vial.
El otro gran problema: encontrar profesionales
Toda esa tecnología necesita personas capaces de trabajar con ella.
En Ávila, Elisa Gil volvió a situar entre las preocupaciones del sector la necesidad de contar con trabajadores cada vez más especializados, el aumento de los costes salariales, la formación permanente y el absentismo.
Meses antes había ido más allá. En su entrevista con La Tribuna de Automoción calificaba la falta de profesionales como uno de los principales problemas del sector y estimaba un déficit en Madrid de alrededor de 3.000 a 3.300 puestos, destacando especialmente el papel de la Formación Profesional y de la formación posterior que realizan los propios concesionarios y fabricantes.
Es una paradoja significativa. Nunca los vehículos habían incorporado tanta tecnología y, precisamente por ello, nunca había sido tan importante disponer de profesionales preparados para diagnosticarla, mantenerla y repararla.
El taller del futuro ya está llegando
Digitalización, electrificación, conectividad, ADAS, nuevos fabricantes, renting, aseguradoras, plataformas de movilidad y clientes mucho más informados están modificando simultáneamente el escenario.
El propio Congreso Posventa Iberia 2026 situó entre sus grandes áreas de trabajo la transformación tecnológica y digital, la evolución del mercado ibérico, la movilidad del futuro, las relaciones entre aseguradoras y talleres y los nuevos modelos de negocio y rentabilidad.
El cambio, por tanto, no consiste simplemente en reparar más vehículos.
Consiste en gestionar mejor, invertir mejor, formar mejor y disponer de capacidad suficiente para absorber una complejidad que seguirá creciendo.
Y desde la seguridad vial hay otro elemento que no debería perderse de vista: un parque cada vez más tecnológico necesita una posventa capaz de conservar durante toda la vida útil del vehículo las prestaciones de seguridad con las que salió de fábrica.
La transformación del taller ya no es únicamente una cuestión empresarial. También forma parte de la transformación de la movilidad.





