Un estudio de INTRAS-Universitat de València analiza la siniestralidad de motocicletas en vías interurbanas entre 2017 y 2024 y revela un patrón claro: carreteras convencionales, curvas, fines de semana, buen tiempo y motocicletas de más de 125 cc.
Motoristas en carretera: una siniestralidad con patrones propios que exige medidas específicas
La motocicleta ocupa un papel cada vez más relevante en la movilidad. Es ágil, eficiente, versátil y ofrece ventajas evidentes tanto en los desplazamientos cotidianos como en los viajes de ocio. Pero en carretera también presenta una vulnerabilidad que no puede ignorarse: el motorista carece de carrocería, cinturón de seguridad, zonas de deformación programada y otros sistemas de protección pasiva presentes en los vehículos cerrados.
Esa vulnerabilidad convierte la siniestralidad de los motoristas en vías interurbanas en uno de los grandes retos actuales de la seguridad vial. No se trata solo de cuántos siniestros se producen, sino de la gravedad de sus consecuencias.
Un estudio del Instituto Universitario de Investigación en Tráfico y Seguridad Vial —INTRAS— de la Universitat de València, elaborado con la colaboración de Metalesa Seguridad Vial, ha analizado los siniestros con víctimas de motocicletas y ciclomotores en vías interurbanas durante el periodo 2017-2024. La investigación utiliza la base de datos ARENA de la Dirección General de Tráfico y ofrece una radiografía precisa de un problema que requiere respuestas específicas.

Uno de cada cinco siniestros interurbanos con víctimas
Entre 2017 y 2024, las motocicletas y ciclomotores estuvieron implicados en 59.036 siniestros interurbanos con víctimas, con un balance de 69.035 víctimas, 2.374 fallecidos y 10.845 heridos graves.
El dato más relevante es la desproporción entre presencia y gravedad. Las motocicletas representan el 21,4% de los siniestros interurbanos con víctimas, pero concentran el 24,2% de los fallecidos y el 32,6% de los heridos graves. Es decir, su peso en la lesividad es muy superior a su peso en la frecuencia de los siniestros.
El análisis confirma que una víctima de un siniestro interurbano de motocicleta tiene una probabilidad mucho mayor de fallecer o resultar herida grave que en otros siniestros interurbanos. En concreto, el 19,1% de las víctimas de siniestros de motocicleta fallecen o resultan heridas graves, frente al 8,5% en el resto de siniestros interurbanos.
Un perfil de riesgo muy definido
La investigación muestra que la siniestralidad de los motoristas en carretera no responde a un fenómeno aleatorio. Al contrario, presenta un patrón bastante reconocible.
Los siniestros se concentran especialmente en carreteras convencionales, en curvas, durante los fines de semana, en condiciones aparentemente favorables de circulación y con una presencia destacada de motocicletas de más de 125 centímetros cúbicos.
Este último dato resulta especialmente significativo: las motocicletas de más de 125 cc están sobrerrepresentadas en la siniestralidad con víctimas. Según el estudio, este tipo de motos supone el 39,7% del parque, pero acumula el 62% de los accidentes con víctimas.
La lectura preventiva es clara: no basta con hablar de “prudencia” de forma genérica. El riesgo tiene escenarios, momentos y perfiles concretos. Y, por tanto, también necesita medidas concretas.
Curvas, fines de semana y buen tiempo: el riesgo no siempre aparece donde se espera
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que muchos siniestros de motocicleta se producen en condiciones que, a priori, podrían parecer favorables: firme seco, buena visibilidad, meteorología despejada y buen tiempo.
Esto obliga a superar la idea de que el peligro aparece únicamente con lluvia, nieve, niebla o mal estado de la vía. En motocicleta, el margen de error es mucho menor. Una velocidad inadecuada, una mala lectura de la curva, un exceso de confianza, una pérdida de adherencia o una corrección brusca pueden tener consecuencias muy graves.
En carretera, especialmente en vías convencionales, la combinación de velocidad, trazado, estado del firme, visibilidad, barreras, márgenes y comportamiento humano adquiere una importancia decisiva.
Salidas de vía: menos frecuentes, pero mucho más graves
Dentro de esta siniestralidad, las salidas de vía merecen una atención específica. Representan el 25,3% de los siniestros interurbanos de motocicleta, pero concentran el 43,3% de los fallecidos y el 32,6% de los heridos graves de este colectivo.
En total, durante el periodo analizado se registraron 14.951 salidas de vía de motocicleta en vías interurbanas, con 16.570 víctimas. En este tipo de siniestros, la probabilidad de que una víctima fallezca o resulte herida grave alcanza el 27,5%, frente al 16,5% del resto de siniestros de motocicleta.
La salida de vía no debe entenderse únicamente como una pérdida de control. También pone a prueba la capacidad de la carretera para proteger a un usuario vulnerable cuando se produce un error, una desviación de trayectoria o una pérdida de estabilidad.

La infraestructura también salva vidas
El enfoque de Sistema Seguro parte de una idea fundamental: las personas pueden cometer errores, pero esos errores no deberían terminar en muerte o lesión grave. Aplicado a la motocicleta, esto significa que la seguridad no puede depender solo del comportamiento del motorista.
La infraestructura tiene un papel determinante. Carreteras más tolerantes al error humano, márgenes más seguros, sistemas de contención adaptados a motoristas, tratamiento específico de curvas, mejor señalización, mantenimiento del firme, gestión inteligente de la velocidad y eliminación o protección de obstáculos laterales pueden marcar la diferencia entre un susto, una lesión grave o una tragedia.
El objetivo no es limitar ni estigmatizar el uso de la motocicleta, sino reconocer su papel dentro de la movilidad y proteger mejor a quienes la utilizan.
Una respuesta específica para un problema específico
Los datos del estudio apuntan a una conclusión clara: la siniestralidad de los motoristas en carretera no puede abordarse con respuestas genéricas. Requiere actuar de forma coordinada sobre la infraestructura, la velocidad, la formación, la tecnología, el equipamiento protector, la percepción del riesgo y la protección específica del usuario vulnerable.
La motocicleta aporta valor al sistema de movilidad, pero exige una protección específica. Y esa protección debe empezar antes del siniestro, con prevención, formación y anticipación; continuar en la propia carretera, con infraestructuras más seguras; y reforzarse después, con tecnología, atención y análisis de datos.
Reducir la siniestralidad de los motoristas en vías interurbanas es uno de los grandes desafíos de la seguridad vial. Y los datos muestran que hay un camino claro: conocer mejor dónde, cómo y por qué se producen los siniestros para intervenir allí donde el riesgo es mayor.






