Europa ha conseguido reducir durante décadas la mortalidad en carretera, pero el ritmo de mejora se está ralentizando y persisten importantes diferencias entre países en comportamientos y medidas básicas de seguridad.
El proyecto europeo Trendline 2022-2025, cofinanciado por la Unión Europea, ha analizado los principales indicadores de rendimiento de la seguridad vial (KPI) con el objetivo de conocer no solo cuántas personas mueren o resultan heridas, sino también qué está ocurriendo antes de que se produzcan los siniestros.
Sus resultados dibujan una realidad desigual: mientras algunas medidas presentan niveles muy elevados de cumplimiento, otras continúan mostrando brechas significativas capaces de frenar el objetivo europeo de reducir a la mitad las muertes y lesiones graves antes de 2030 y avanzar hacia la Visión Cero en 2050.
La Comisión Europea presentó en diciembre de 2025 las conclusiones de este trabajo, considerado el mayor esfuerzo realizado hasta el momento en Europa para recopilar y armonizar indicadores de rendimiento en seguridad vial. Proyecto Trendline y KPI de seguridad vial — Comisión Europea
Casi 20.000 personas murieron en las carreteras europeas en 2024
Los datos explican por qué resulta necesario mirar más allá de los avances conseguidos.
En 2024 fallecieron 19.940 personas en siniestros de tráfico en la Unión Europea, aproximadamente un 2% menos que el año anterior. La reducción continúa, pero sigue siendo demasiado lenta para alcanzar los compromisos establecidos para esta década.
Europa se mantiene entre las regiones del mundo con mejores niveles de seguridad vial, pero la existencia de cerca de 20.000 víctimas mortales anuales demuestra que una buena posición comparativa no puede convertirse en conformismo.
La Visión Cero parte precisamente de una idea diferente: ninguna muerte o lesión grave debería considerarse un precio inevitable de la movilidad.
InfoVIAL ya ha analizado este enfoque al abordar cómo países como Noruega han convertido la responsabilidad compartida, la formación y un sistema preparado para asumir el error humano en pilares de sus políticas de prevención. Visión Cero y responsabilidad compartida — InfoVIAL
La velocidad sigue siendo una de las grandes brechas
Uno de los resultados más llamativos del proyecto Trendline aparece en el cumplimiento de los límites de velocidad.
En numerosos países europeos, menos de la mitad de los conductores respeta los límites en determinadas vías urbanas. Es precisamente en estos entornos donde conviven coches, motocicletas, bicicletas y peatones y donde una pequeña diferencia de velocidad puede transformar completamente las consecuencias de un atropello o una colisión.
La velocidad afecta tanto a la probabilidad de que se produzca un siniestro como a su gravedad.
Por eso, medir únicamente el número de sanciones o siniestros resulta insuficiente. Los indicadores de rendimiento permiten conocer hasta qué punto los comportamientos cotidianos de los usuarios están alineados con los objetivos de seguridad.
Ese es uno de los principales valores de Trendline: medir el riesgo antes de que termine convirtiéndose en víctima.
Cinturón: alto cumplimiento delante, pero importantes diferencias detrás
El cinturón de seguridad ofrece un ejemplo especialmente claro de cómo una medida ampliamente asumida puede seguir escondiendo puntos débiles.
El informe muestra niveles de utilización superiores al 95% en los asientos delanteros de las autopistas en numerosos países.
Sin embargo, la situación cambia en las plazas traseras. En algunos Estados, el cumplimiento se sitúa por debajo del 50%, lo que evidencia que todavía persiste la falsa percepción de que viajar detrás implica un riesgo menor.
La seguridad no depende únicamente de disponer de sistemas eficaces.
Depende también de utilizarlos siempre y correctamente.
Sistemas de retención infantil: utilizarlos no basta
Algo parecido ocurre con los sistemas de retención infantil (SRI).
Su utilización está muy extendida, pero Trendline advierte de que una parte de estos dispositivos no se instala o utiliza correctamente, reduciendo la protección que deberían ofrecer al menor.
Es una diferencia fundamental.
Un SRI homologado puede perder gran parte de su capacidad protectora si no corresponde a las características del niño, está mal instalado o el menor no viaja correctamente sujeto.
La seguridad infantil vuelve así a demostrar que la normativa debe ir acompañada de información, formación y uso adecuado.
Casco: grandes diferencias entre motoristas y ciclistas
Los resultados relacionados con el casco presentan dos realidades muy distintas.
Entre los usuarios de motocicletas, su utilización constituye una de las historias de éxito de la seguridad vial europea: el cumplimiento es prácticamente universal en la mayoría de los países participantes.
Sin embargo, el estudio detecta diferencias en la correcta sujeción del casco, un detalle decisivo para que pueda cumplir su función durante un impacto.
En el caso de la bicicleta, las diferencias son mucho mayores. El uso del casco oscila entre menos del 10% en algunos países y más del 70% en otros.
La disparidad refleja no solo diferencias normativas, sino también culturales, educativas y de percepción del riesgo.
Alcohol: un 2% puede representar millones de conductores
Otro resultado especialmente significativo aparece en relación con el alcohol.
Los datos obtenidos mediante controles aleatorios y estudios sobre desplazamientos indican un cumplimiento aproximado del 98% de los límites legales.
La cifra puede parecer muy positiva.
Pero el 2% restante adquiere una dimensión completamente diferente cuando se traslada al volumen total de desplazamientos: la Comisión Europea estima que podría equivaler a alrededor de cinco millones de conductores circulando bajo los efectos del alcohol.
Este ejemplo resume bien por qué los porcentajes deben interpretarse con cautela.
Un nivel de cumplimiento muy alto puede seguir escondiendo un número enorme de situaciones de riesgo cuando hablamos de cientos de millones de desplazamientos.
La respuesta después del siniestro también salva vidas
La seguridad vial no termina cuando se produce el impacto.
La rapidez de los servicios de emergencia, la asistencia sanitaria y la atención posterior forman parte también del denominado Sistema Seguro.
Los indicadores de Trendline muestran que los servicios médicos llegan prácticamente a todos los siniestros con personas lesionadas en un máximo de 26 minutos desde la llamada, mientras que aproximadamente la mitad registra tiempos medios cercanos a los 11 minutos.
Medir estos tiempos permite detectar desigualdades territoriales y analizar qué mejoras pueden reducir las consecuencias de un siniestro cuando la prevención primaria ya ha fallado.
Por tanto, la seguridad vial debe actuar antes, durante y después del accidente.
Medir comportamientos para prevenir víctimas
Una de las grandes aportaciones del programa europeo es precisamente cambiar parcialmente el enfoque con el que se mide la seguridad vial.
Las cifras de fallecidos y heridos siguen siendo imprescindibles.
Pero son, en cierto modo, el resultado final.
Los KPI permiten observar antes otros indicadores: velocidad, alcohol, utilización de cinturones y cascos, distracción, seguridad de los vehículos o tiempos de atención posterior al siniestro. La Comisión Europea desarrolló inicialmente ocho indicadores armonizados para poder comparar la evolución de los Estados miembros y evaluar la eficacia de sus políticas.
Trendline, desarrollado entre octubre de 2022 y 2025, reunió a 25 Estados miembros de la UE, además de otros países participantes y observadores, para mejorar la recogida y comparación de estos datos.
No se trata únicamente de saber dónde mueren más personas.
Se trata de entender qué comportamientos, sistemas o políticas están funcionando y cuáles necesitan mejorar antes de que aparezcan nuevas víctimas.

Tecnología sí, pero también conocimiento y comportamiento
La mejora de la seguridad vial europea depende también de vehículos capaces de prevenir errores o reducir sus consecuencias.
Los sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS) tienen precisamente esa función: detectar determinadas situaciones de riesgo, advertir al conductor o intervenir cuando resulta necesario.
Pero disponer de tecnología no garantiza automáticamente su eficacia.
InfoVIAL ha analizado en diferentes ocasiones la necesidad de que los conductores conozcan correctamente estas ayudas y comprendan sus posibilidades y limitaciones. La innovación debe ir acompañada de formación, mantenimiento y uso adecuado.
Esa apuesta europea por tecnología y prevención ha generado también iniciativas educativas reconocidas por la European Road Safety Charter, como el Premio Europeo de Seguridad Vial concedido en 2025 a Volvo Car España por su trabajo de educación y concienciación. European Road Safety Award 2025 — InfoVIAL
Las diferencias entre países muestran que todavía existe margen de mejora
Uno de los mensajes de fondo de Trendline es que Europa no presenta una realidad uniforme.
Los niveles de cumplimiento cambian considerablemente según el país, el comportamiento analizado y el tipo de vía.
Y esa diversidad puede convertirse también en una oportunidad.
Si una determinada política consigue mejores resultados en unos Estados que en otros, disponer de indicadores comparables permite identificarla, analizarla y valorar su aplicación en otros territorios.
De ahí la importancia de disponer de datos armonizados, algo que durante años ha resultado difícil cuando cada país medía los comportamientos utilizando metodologías diferentes.
La información comparable facilita convertir las buenas prácticas en políticas públicas.
2030 está cada vez más cerca
El marco europeo de seguridad vial fijó un objetivo intermedio muy ambicioso: reducir en un 50% las muertes y las lesiones graves entre 2020 y 2030, como paso previo hacia una movilidad próxima a cero víctimas mortales en 2050.
Los avances logrados demuestran que reducir la siniestralidad es posible.
Pero los resultados de Trendline muestran también que todavía persisten incumplimientos aparentemente básicos: exceso de velocidad, cinturones sin utilizar, sistemas infantiles incorrectamente instalados, cascos mal ajustados o conductores que siguen circulando después de consumir alcohol.
No son cuestiones menores.
Son precisamente algunos de los elementos sobre los que décadas de investigación han demostrado que existe capacidad real de prevención.
De los objetivos a la aplicación real
Europa cuenta con estrategias, normativa, tecnología y conocimiento suficientes para seguir reduciendo las víctimas.
El reto está en conseguir que esas medidas funcionen realmente sobre el terreno.
El informe Trendline recuerda que una política de seguridad vial no puede evaluarse únicamente por su existencia, sino por su grado de cumplimiento y sus resultados.
Un límite de velocidad resulta eficaz cuando se respeta.
Un cinturón salva cuando se utiliza.
Un sistema de retención infantil protege cuando está correctamente instalado.
Un casco cumple su función cuando se lleva y está bien abrochado.
Y una estrategia de seguridad vial transforma la realidad cuando logra convertir sus objetivos en comportamientos, infraestructuras y sistemas capaces de evitar víctimas.
Las cerca de 20.000 personas que perdieron la vida en las carreteras de la Unión Europea en 2024 recuerdan que el camino recorrido ha sido importante.
Pero también que todavía queda demasiado por hacer.






