Más de 600.000 menores utilizan cada día el transporte escolar en España. Según AECA-ITV, el 92,5 % de los autocares supera la inspección técnica. Es un buen dato para uno de los medios de transporte más seguros, pero no debe ocultar la otra cara de la estadística: un 7,5 % es rechazado y entre las principales causas aparecen defectos en los frenos, el alumbrado y elementos técnicos específicos para el transporte de menores.
La vuelta al colegio supone también el regreso a las carreteras de aproximadamente 17.500 autocares escolares. Miles de vehículos que, cada mañana, asumen la responsabilidad de transportar a uno de los colectivos más vulnerables: los niños.
El adecuado estado técnico de estos autocares no es, por tanto, una cuestión secundaria. Según los datos difundidos por la Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la Inspección Técnica de Vehículos, el 92,5 % de los autocares escolares supera la ITV.
La cifra refleja un elevado nivel de cumplimiento, pero la seguridad vial no puede conformarse únicamente con el porcentaje favorable. También debemos preguntarnos qué sucede con el 7,5 % restante y, sobre todo, por qué algunos vehículos llegan a la estación de ITV con defectos graves o muy graves.
Un 7,5 % que no puede tratarse como una cifra menor
Entre los autocares escolares rechazados se detecta un porcentaje importante de defectos graves o muy graves. Las principales causas que explican los resultados desfavorables son:
- Especificaciones técnicas: más del 29 %. Incluyen incumplimientos de los requisitos específicos del transporte escolar y de menores, incidencias en el tacógrafo, problemas con el limitador de velocidad o reformas no autorizadas.
- Frenos: 17 %. Destacan la falta de eficacia del freno de servicio y los desequilibrios en las fuerzas de frenado entre las ruedas de un mismo eje.
- Alumbrado y señalización: 13 %. Afectan, principalmente, a las luces de cruce y carretera, las luces de posición, los antiniebla y los indicadores de dirección.
- Carrocería, chasis y acondicionamiento exterior: 11 %. En esta categoría se encuentran deficiencias en elementos específicos de los vehículos destinados al transporte de personas, los vidrios de seguridad, la carrocería o el chasis.
- Emisiones contaminantes: 10 %.
- Ejes, ruedas, neumáticos y suspensión: 7 %.
No todos estos defectos tienen la misma gravedad, pero un problema en los frenos, en los neumáticos, en la suspensión o en el alumbrado nunca debe considerarse una simple incidencia administrativa. Mucho menos cuando hablamos de un vehículo que puede transportar simultáneamente a decenas de menores.
En InfoVIAL hemos insistido en que la ITV no es un trámite administrativo, sino una herramienta de seguridad vial y responsabilidad social. En el transporte escolar, esa responsabilidad adquiere una dimensión todavía mayor.
La antigüedad también influye
Los datos de AECA-ITV muestran una relación entre la edad de los autocares y los defectos encontrados.
Los vehículos en los que se detectan defectos graves durante la primera inspección tienen una antigüedad media de diez años. En aquellos que presentan defectos muy graves, la edad media asciende a trece años.
Cuando estas deficiencias continúan presentes en la segunda inspección, la antigüedad media llega a los 12,8 años en el caso de los defectos graves y a los catorce años en los muy graves.
La edad, por sí sola, no convierte automáticamente a un vehículo en inseguro. Un autocar correctamente mantenido puede prestar servicio durante muchos años en buenas condiciones. Sin embargo, el envejecimiento exige incrementar la vigilancia, el mantenimiento preventivo y la renovación de los elementos sometidos a desgaste.
Por eso resulta especialmente acertada la idea de considerar la ITV como una forma de medicina preventiva para el vehículo. No obstante, la inspección periódica no puede sustituir el trabajo que debe realizarse entre una ITV y la siguiente.
Una inspección más frecuente
Los autobuses y autocares están sometidos a una periodicidad de inspección más exigente que los turismos particulares. El Real Decreto 920/2017, que regula la inspección técnica de vehículos, establece que los vehículos de las categorías M2 y M3 deben pasar la ITV:
- Una vez al año hasta cumplir cinco años desde su primera matriculación.
- Cada seis meses cuando superan los cinco años.
Además, el transporte escolar cuenta con requisitos propios. El Real Decreto 443/2001 sobre condiciones de seguridad en el transporte escolar y de menores regula aspectos como la antigüedad máxima del vehículo, las puertas de servicio, los dispositivos de emergencia, el suelo antideslizante, los asientos, el tacógrafo, el limitador de velocidad, el sistema de frenado o la señalización específica.
Esta regulación reforzada responde a una lógica evidente: cuanto mayor es el número de personas transportadas y más vulnerables son sus ocupantes, mayor debe ser el nivel de control.
La ITV debe confirmar un mantenimiento correcto
Guillermo Magaz, director gerente de AECA-ITV, considera que España dispone de un parque de autocares escolares que cumple adecuadamente la normativa y ofrece unas buenas condiciones de seguridad. Sin embargo, también plantea un objetivo mucho más exigente: que los defectos sean detectados y corregidos durante la utilización del vehículo y no al llegar a la inspección.
Ese es probablemente el mensaje más importante.
La ITV debe funcionar como una última barrera de comprobación. Debe detectar e impedir que un vehículo inseguro continúe circulando, pero el éxito verdadero consiste en que los autocares lleguen a la inspección sin defectos graves.
Para conseguirlo son necesarios programas rigurosos de mantenimiento preventivo, revisiones periódicas, comprobaciones antes de iniciar cada ruta y una rápida comunicación de cualquier anomalía detectada por los conductores.
También deben asumir su responsabilidad las administraciones, los centros educativos y las asociaciones de familias que contratan estos servicios. No basta con adjudicar una ruta al precio más bajo. Deben comprobarse las condiciones del vehículo, su antigüedad, el mantenimiento realizado, la formación del conductor, la existencia de cinturones de seguridad y el cumplimiento de todas las autorizaciones.
La elevada ratio de incumplimiento de la ITV en el conjunto del parque móvil demuestra que todavía queda mucho trabajo por hacer para consolidar una auténtica cultura de mantenimiento y responsabilidad.
La seguridad no termina en el estado del vehículo
El buen estado técnico del autocar es esencial, pero no es el único elemento que determina la seguridad del transporte escolar.
En su campaña de vigilancia del transporte escolar de 2026, la Dirección General de Tráfico recuerda que también deben controlarse la velocidad, las distracciones, el consumo de alcohol y drogas, las autorizaciones, los tiempos de conducción y descanso y el uso de los cinturones de seguridad.
La DGT señala, además, que el 90 % de los siniestros relacionados con el transporte escolar se produce al subir o bajar del vehículo o en los momentos inmediatamente posteriores. En muchos casos se trata de atropellos provocados por una distracción.
La seguridad debe abarcar, por tanto, todo el viaje: el vehículo, el conductor, los acompañantes, el comportamiento de los menores, las paradas y la actuación del resto de los conductores.
Un medio seguro, pero sin espacio para la complacencia
El transporte escolar presenta unos niveles de siniestralidad muy bajos. AECA-ITV señala, a partir de datos de la DGT, que el autocar escolar no registra fallecidos desde 2012 y que su tasa de siniestralidad es once veces inferior a la del coche y seis veces menor que la de otros medios dedicados al transporte de pasajeros.
Es una realidad que merece ser reconocida y que demuestra el trabajo realizado por empresas, conductores, acompañantes, estaciones de ITV y administraciones.
Pero ser uno de los medios de transporte más seguros no significa que todo esté hecho. Un 7,5 % de autocares rechazados sigue representando vehículos en los que se han encontrado incumplimientos o defectos incompatibles con un resultado favorable.
La ITV cumple su función cuando detecta esos fallos e impide que el vehículo continúe prestando servicio hasta que sean reparados. La prevención alcanza su verdadero objetivo cuando esas deficiencias se corrigen antes de llegar a la estación.
Porque, cuando cada mañana suben decenas de niños a un autocar, la seguridad no puede comenzar al pasar la ITV. Debe haber empezado mucho antes.








