FESVIAL y su presidente, Luis Montoro, respaldan la propuesta de la DGT de establecer un mínimo de formación teórica presencial y obligatoria para acceder al permiso de conducir. El objetivo no es únicamente aprender normas, sino trabajar la percepción del riesgo, las actitudes y los comportamientos seguros.

Saber interpretar una señal, conocer una prioridad de paso o memorizar los límites de velocidad es imprescindible para conducir.

Pero formar a un conductor no consiste únicamente en enseñarle a superar un examen.

La seguridad vial exige también comprender por qué existen determinadas normas, qué consecuencias puede tener incumplirlas y cómo influyen en la conducción factores como el alcohol, las drogas, las distracciones, la velocidad o la presencia de usuarios vulnerables.

Por este motivo, la Fundación Española para la Seguridad Vial (FESVIAL), a través de su presidente y catedrático de Seguridad Vial Luis Montoro, apoya la propuesta de la Dirección General de Tráfico para establecer una formación teórica presencial y obligatoria dentro del proceso de obtención del permiso de conducir.

FESVIAL defiende que esta formación permita trabajar no solo conocimientos, sino también comportamientos, actitudes, valores y percepción del riesgo.

Aprender las normas no es suficiente

Uno de los principales argumentos de quienes defienden la formación presencial es la necesidad de diferenciar entre conocimiento y comportamiento.

Un aspirante puede conocer perfectamente que conducir después de consumir alcohol aumenta el riesgo, que debe utilizar el cinturón o que manipular el teléfono móvil mientras conduce resulta peligroso.

Otra cuestión es conseguir que ese conocimiento termine convirtiéndose en una conducta estable cuando se encuentre solo al volante.

La formación vial debe contribuir precisamente a establecer esa conexión.

Como también hemos analizado en InfoVIAL, la formación presencial para el examen teórico pretende incorporar contenidos de concienciación y sensibilización que vayan más allá de memorizar las normas de circulación.

Entre ocho y diez horas de formación presencial

La propuesta plantea introducir un mínimo de horas presenciales obligatorias antes de poder presentarse al examen teórico.

No se trataría de dedicar esas horas únicamente a estudiar señales, prioridades o maniobras.

El objetivo sería abordar especialmente contenidos relacionados con:

  • percepción y detección de riesgos;
  • alcohol y drogas;
  • velocidad;
  • distracciones;
  • utilización de los sistemas de seguridad;
  • protección de peatones, ciclistas y motoristas;
  • actitudes y comportamientos responsables;
  • consecuencias humanas de los siniestros de tráfico.

Para Luis Montoro, este tipo de contenidos difícilmente pueden reducirse a la simple preparación de un test.

La formación presencial permite al profesor interactuar con el alumno, conocer sus dudas, detectar ideas equivocadas y explicar por qué determinadas conductas generan riesgo.

Sensibilizar antes de ponerse al volante

Una de las cuestiones fundamentales es conseguir que el futuro conductor comprenda las consecuencias de sus decisiones antes de enfrentarse solo al tráfico real.

El permiso de conducir no es únicamente una autorización administrativa.

Habilita a una persona para utilizar un vehículo compartiendo el espacio público con otros conductores, peatones, ciclistas y motoristas y, por tanto, para tomar decisiones que pueden afectar a la seguridad propia y ajena.

En una entrevista publicada por InfoVIAL, Mar Cogollos, directora de AESLEME, defendía también este contacto directo y consideraba insuficiente limitar la formación a la adquisición de conocimientos. Para Cogollos, la formación presencial permite comprender el porqué de las normas y trabajar de forma mucho más directa la concienciación del futuro conductor.

¿Formación presencial o formación digital?

La propuesta ha generado también un debate sobre el papel de las plataformas digitales y las autoescuelas online.

Las herramientas digitales ofrecen indudables ventajas para estudiar contenidos, realizar pruebas, repasar señales o preparar el examen teórico.

Pero quienes defienden la presencialidad consideran que digitalización y formación presencial no tienen por qué ser modelos incompatibles.

La tecnología puede ser un instrumento útil para adquirir y reforzar conocimientos.

La cuestión es si determinados contenidos relacionados con comportamientos, valores, percepción del riesgo y sensibilización requieren además interacción directa con profesores, expertos o víctimas de siniestros de tráfico.

El propio debate sobre la formación vial debería evitar reducirse a una oposición entre “presencial” y “online”.

La pregunta fundamental es otra:

¿qué modelo forma mejores y más seguros conductores?

La experiencia de las víctimas como herramienta de concienciación

Los cursos de sensibilización y reeducación vial han puesto de manifiesto también el valor que puede tener el testimonio directo de las víctimas de tráfico.

Escuchar las consecuencias reales de un siniestro permite comprender aspectos que difícilmente transmite un manual.

No se trata de utilizar el miedo como instrumento educativo, sino de explicar que detrás de cada comportamiento de riesgo existen posibles consecuencias para el propio conductor, sus acompañantes y el resto de usuarios.

La formación presencial facilita precisamente ese componente humano de la enseñanza.

Y esa experiencia explica que asociaciones de víctimas y diferentes entidades de seguridad vial hayan mostrado su apoyo a reforzar la formación de quienes acceden por primera vez al permiso de conducir.

Formar conductores, no solamente aprobar alumnos

El objetivo final del sistema de formación vial no debería medirse exclusivamente por el porcentaje de aprobados.

Superar el examen demuestra que el aspirante ha alcanzado unos conocimientos y unas capacidades determinadas.

Pero la verdadera prueba comienza después.

Empieza cuando ese conductor circula sin profesor, toma decisiones por sí mismo y debe convivir con situaciones reales de tráfico que pueden exigir anticipación, responsabilidad y capacidad para detectar riesgos.

Por eso, la propuesta de formación presencial pretende reforzar una idea esencial:

obtener el permiso debe significar estar preparado para conducir con seguridad, no simplemente haber aprendido a aprobar un examen.

La formación vial es una herramienta de prevención.

Y cuanto mejor formado, concienciado y sensibilizado esté un conductor antes de salir solo a la carretera, mayores serán sus herramientas para evitar decisiones que puedan terminar en un siniestro.

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