Reducir emisiones, recuperar espacio urbano, fomentar los desplazamientos activos y mejorar la seguridad no deberían plantearse como objetivos independientes. Una movilidad verdaderamente sostenible debe ser también segura, accesible y capaz de proteger especialmente a los usuarios más vulnerables.

Hablar de movilidad sostenible no significa únicamente hablar de emisiones, eficiencia energética o vehículos menos contaminantes.

La forma en que diseñamos nuestras ciudades y carreteras, distribuimos el espacio público y elegimos cómo desplazarnos tiene también consecuencias directas sobre la seguridad vial.

Entornos más calmados, infraestructuras mejor diseñadas y una movilidad menos dependiente del automóvil pueden contribuir al mismo tiempo a reducir emisiones, ruido, congestión y riesgo de siniestros.

La propia Estrategia de Seguridad Vial 2030 de la DGT incorpora entre sus principios la “seguridad sostenible”, entendida como el derecho de los ciudadanos a desplazarse en condiciones adecuadas y seguras con el menor impacto ambiental posible.

Seguridad vial y sostenibilidad no son, por tanto, dos políticas paralelas.

Son dos componentes de una misma movilidad.

Menos velocidad puede significar también menos gravedad

La velocidad es uno de los elementos donde esa relación resulta más evidente.

En los entornos urbanos, reducir la velocidad no solo modifica la circulación de los vehículos. También facilita la convivencia con peatones y ciclistas, mejora la capacidad de reacción y reduce la energía que debe soportar el cuerpo humano cuando se produce una colisión.

Medidas como las zonas 30, la pacificación del tráfico o el rediseño de determinadas calles pueden contribuir además a crear espacios más adecuados para caminar, utilizar la bicicleta o desarrollar actividades cotidianas.

A menor velocidad existe más tiempo para percibir un riesgo, tomar una decisión y reaccionar.

Y, si pese a todo se produce el siniestro, la velocidad condiciona decisivamente su gravedad.

La movilidad sostenible encuentra aquí uno de sus puntos de conexión más claros con el enfoque de Sistema Seguro: organizar el tráfico de forma que un error humano no tenga necesariamente como consecuencia una lesión grave o mortal.

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Una ciudad sostenible debe estar diseñada para las personas

La movilidad sostenible implica también revisar cómo distribuimos el espacio.

Durante décadas, buena parte del diseño urbano estuvo condicionado por las necesidades del automóvil. El nuevo enfoque pretende recuperar espacio y facilitar la convivencia de diferentes formas de desplazamiento.

Aceras suficientemente amplias, itinerarios peatonales continuos, cruces sencillos, buena iluminación, carriles ciclistas correctamente diseñados y velocidades compatibles con el entorno pueden reducir la exposición al riesgo.

Esto adquiere especial importancia para peatones, ciclistas, niños y personas mayores.

En InfoVIAL hemos analizado cómo los peatones continúan siendo uno de los colectivos más vulnerables, con casi 3.500 fallecidos por atropello en España durante una década.

Promover modos más sostenibles sin proporcionar entornos seguros para utilizarlos podría generar una contradicción.

No basta con animar a caminar o montar en bicicleta.

Hay que hacer posible hacerlo con seguridad.

Movilidad activa: saludable y sostenible, pero también segura

Caminar y desplazarse en bicicleta son dos de las formas de movilidad con menor impacto ambiental.

Además, incorporan actividad física a los desplazamientos diarios y pueden reducir la dependencia del automóvil para trayectos cortos.

Pero su crecimiento necesita ir acompañado de infraestructura y planificación.

La percepción de inseguridad puede convertirse en una barrera para quienes podrían optar por estos modos de transporte.

Un carril bici discontinuo, un cruce mal resuelto, una acera insuficiente o una intersección donde vehículos y peatones no se ven correctamente pueden desincentivar la movilidad activa y aumentar la exposición al riesgo.

La Estrategia de Seguridad Vial 2030 incorpora precisamente el fomento de una movilidad activa, saludable, segura y sostenible entre los valores que deben desarrollarse desde la educación vial.

La sostenibilidad, por tanto, no puede medirse exclusivamente por cuántas personas abandonan el coche.

También debe analizar en qué condiciones pueden utilizar las alternativas.

Infraestructuras capaces de proteger cuando algo falla

La sostenibilidad alcanza también a las infraestructuras.

Una carretera o una calle no debería valorarse únicamente por su capacidad para permitir desplazamientos o absorber determinada intensidad de tráfico.

Debe ser segura, mantenible, eficiente y estar diseñada teniendo en cuenta las necesidades de todos los usuarios.

El concepto de Sistema Seguro parte de una realidad: las personas cometemos errores.

Por eso, la infraestructura debe intentar evitar que una equivocación termine provocando consecuencias irreversibles.

En InfoVIAL hemos analizado, por ejemplo, cómo las salidas de vía constituyen uno de los siniestros más graves de las carreteras españolas y cómo la infraestructura puede intervenir para reducir sus consecuencias.

La propia DGT incluye las vías seguras como una de las áreas fundamentales de su Estrategia de Seguridad Vial 2030, vinculando la seguridad de la infraestructura con la gestión eficiente del tráfico y otros objetivos de movilidad y medioambiente.

Tecnología para reducir riesgos, congestión y emisiones

La digitalización introduce otra relación directa entre seguridad y sostenibilidad.

Los Sistemas Inteligentes de Transporte (ITS), los sensores, la información en tiempo real o la señalización dinámica permiten gestionar mejor las carreteras y responder con mayor rapidez ante una incidencia.

Una circulación más ordenada puede ayudar a reducir congestiones y emisiones innecesarias.

Pero esa misma información puede utilizarse también para advertir de riesgos, adaptar velocidades o mejorar la respuesta ante un siniestro.

En InfoVIAL hemos recogido cómo los avisos en tiempo real proporcionados por los Sistemas Inteligentes de Transporte pueden ser determinantes para mejorar la seguridad de los usuarios.

También hemos analizado desarrollos que permiten convertir elementos tradicionalmente pasivos en barreras inteligentes capaces de detectar impactos, generar información y advertir de situaciones de riesgo.

Los análisis de Forenvision se sitúan precisamente en esa intersección entre seguridad vial, innovación, infraestructuras y sostenibilidad, utilizando conocimiento científico y tecnológico para anticipar los retos de la movilidad.

Los datos ayudan a diseñar mejor la movilidad

La planificación de una movilidad segura y sostenible necesita también información.

Conocer cuántos vehículos circulan, cómo se desplazan los peatones, qué itinerarios utilizan los ciclistas, dónde se producen retenciones o en qué puntos aparecen conflictos permite tomar decisiones basadas en evidencia.

No siempre es necesario esperar a que se acumulen siniestros para actuar.

Los datos pueden ayudar a detectar situaciones de riesgo, estudiar patrones y priorizar intervenciones.

Esta capacidad resulta especialmente valiosa en un escenario en el que el espacio urbano debe responder simultáneamente a necesidades de movilidad, accesibilidad, seguridad, actividad económica y calidad ambiental.

La tecnología no sustituye la planificación.

Permite planificar mejor.

Menos ruido también significa una ciudad más habitable

La sostenibilidad de la movilidad tiene otra dimensión que a menudo recibe menos atención: el ruido.

El tráfico constituye una importante fuente de contaminación acústica en los entornos urbanos.

Reducir determinadas intensidades de circulación, evitar aceleraciones y frenadas continuas, favorecer velocidades más homogéneas y desarrollar infraestructuras adecuadas puede contribuir también a disminuir el ruido.

De nuevo aparece una relación común.

Una movilidad más calmada puede ser simultáneamente menos ruidosa, menos contaminante y más segura.

El cambio también es cultural

Infraestructuras, regulación y tecnología son fundamentales, pero la transformación de la movilidad necesita también un cambio cultural.

Compartir el espacio público implica comprender que ningún modo de transporte tiene derechos absolutos sobre él.

Conductores, peatones, ciclistas y usuarios de nuevas formas de movilidad necesitan aprender a convivir.

Esto exige respeto, cumplimiento de las normas, velocidades adecuadas y una mayor atención a quienes tienen menor capacidad física para soportar las consecuencias de un impacto.

La sostenibilidad no consiste únicamente en cambiar el vehículo que utilizamos.

También significa cambiar la manera en que nos movemos y nos relacionamos con los demás usuarios.

No puede existir movilidad sostenible sin seguridad vial

Una ciudad con bajas emisiones pero con un elevado número de peatones o ciclistas lesionados difícilmente puede considerarse un modelo de movilidad sostenible.

Del mismo modo, una infraestructura tecnológicamente avanzada que no tenga en cuenta a los usuarios vulnerables estará dejando fuera una parte esencial del problema.

La sostenibilidad debe incorporar variables ambientales, económicas y sociales.

Y dentro de estas últimas, proteger la vida y la integridad de las personas es imprescindible.

Por eso seguridad vial y sostenibilidad no deberían competir por espacio dentro de las políticas de movilidad.

Reducir emisiones.

Favorecer la movilidad activa.

Disminuir la congestión.

Recuperar espacio urbano.

Utilizar mejor la tecnología.

Y reducir fallecidos y heridos graves.

Son objetivos que pueden —y deben— avanzar juntos.

Porque una movilidad verdaderamente sostenible debe ser, antes que nada, una movilidad segura para las personas.

Fuente: Forenvision – análisis sobre movilidad sostenible, seguridad vial y planificación urbana

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