«No debemos banalizar la seguridad vial ni caer en la formación low cost», advierte Pere Navarro

La formación de los futuros conductores no puede limitarse a memorizar preguntas para superar un examen. Detrás de la obtención de un permiso de conducir existe una responsabilidad mucho mayor: adquirir conocimientos, comprender los riesgos y desarrollar actitudes que permitan compartir la vía con seguridad.

El director general de Tráfico, Pere Navarro, ha defendido la necesidad de preservar la calidad de la formación vial y ha advertido del riesgo de convertirla en un producto basado únicamente en el precio o en la rapidez: “No debemos banalizar la seguridad vial ni caer en la formación low cost”.

Una reflexión que se produce en pleno debate sobre el modelo de formación para obtener el permiso de conducir y sobre la propuesta de la Dirección General de Tráfico de incorporar un número mínimo de horas presenciales dedicadas fundamentalmente a la sensibilización y percepción del riesgo.

Formar conductores, no únicamente preparar un examen

Obtener el permiso de conducir acredita que una persona dispone de unos conocimientos y aptitudes mínimos para ponerse al volante y compartir el espacio público con peatones, ciclistas, motoristas y otros conductores.

Por ello, la formación previa no debería tener como único objetivo superar una prueba.

La cuestión de fondo es qué tipo de conductor queremos incorporar a nuestras carreteras.

La DGT había planteado introducir una formación teórica presencial obligatoria centrada especialmente en aspectos como los factores de riesgo, los usuarios vulnerables, las distracciones, el alcohol y las drogas, la velocidad y los sistemas de seguridad. El proyecto contemplaba también incorporar testimonios de víctimas de siniestros viales como herramienta de sensibilización.

Esta filosofía coincide con una idea que InfoVIAL ha abordado en otros contenidos: aprender normas resulta imprescindible, pero comprender por qué existen y cuáles pueden ser las consecuencias de incumplirlas constituye otra parte fundamental de la formación.

En este sentido, la presidenta de AESLEME, Mar Cogollos, defendía que incluso ocho horas de formación presencial podían resultar escasas cuando el objetivo es salvar vidas. «Ocho horas de formación teórica presencial me parecen pocas tratándose de salvar vidas» — InfoVIAL

La sensibilización, en el centro del debate

La propuesta de la DGT no pretendía sustituir toda la formación online ni cuestionar el papel de las nuevas tecnologías en el aprendizaje.

El elemento diferencial era reservar una parte del proceso para contenidos de sensibilización, aquellos que no buscan simplemente transmitir una norma, sino ayudar al futuro conductor a comprender el riesgo que entraña determinadas conductas.

En España, una persona puede estudiar el temario teórico y prepararse para el examen utilizando diferentes métodos. El debate planteado entonces era si determinados contenidos relacionados directamente con la seguridad vial debían tener además un componente presencial.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) analizó en 2019 el proyecto de modificación del Reglamento General de Conductores. El organismo no cuestionó la conveniencia de reforzar la sensibilización de los futuros conductores, pero consideró insuficientemente justificado que esa formación tuviera que impartirse exclusivamente de forma presencial y en autoescuelas.

La propia CNMC recordó meses después que su posición no era contraria a una formación adicional sobre riesgos, sino a reservarla exclusivamente a una determinada modalidad o tipo de centro.

Pere Navarro: la seguridad vial pertenece al mundo real

Pere Navarro fue especialmente crítico con esa interpretación.

Al referirse al dictamen de la CNMC, el director general de Tráfico consideró que podía acabar banalizando la formación vial, hasta el punto de señalar que parecía tratarla como si se tratara de un curso de cocina o de macramé.

Su argumento se apoyaba en una diferencia fundamental: las consecuencias de una formación insuficiente en seguridad vial no son exclusivamente académicas.

Los siniestros de tráfico, las lesiones y las víctimas pertenecen al mundo real.

La Confederación Nacional de Autoescuelas recogió entonces las palabras del director de la DGT y su defensa de que la formación vial debía conservar un componente de sensibilización acorde con las consecuencias que puede tener el comportamiento de un conductor en la vía pública.

Formación presencial y formación online no tienen por qué ser enemigas

La discusión tampoco debería reducirse a enfrentar formación presencial y digital.

Las nuevas tecnologías ofrecen posibilidades que hace pocos años eran difíciles de imaginar: plataformas educativas, contenidos audiovisuales, simuladores, clases virtuales, aplicaciones y herramientas capaces de adaptar el aprendizaje al ritmo de cada alumno.

La situación provocada por la COVID-19 aceleró además la utilización de muchos de estos recursos y llevó a numerosas autoescuelas a desarrollar soluciones de formación a distancia.

Pero digitalizar la enseñanza no significa necesariamente sustituir cualquier contacto presencial.

La cuestión planteada por la DGT era determinar si existen contenidos cuya finalidad no consiste simplemente en aprender, sino también en sensibilizar, reflexionar y modificar actitudes.

De ahí que la discusión debiera plantearse no tanto como un enfrentamiento entre tecnologías, sino alrededor de qué combinación de herramientas permite conseguir una mejor preparación.

 

El riesgo de convertir la formación en precio

La expresión “formación low cost” utilizada por Pere Navarro abre además otro debate.

Competir en precio forma parte legítima de cualquier mercado. Pero cuando hablamos de seguridad vial, reducir costes no debería significar reducir también la calidad del proceso formativo.

Un futuro conductor debe aprender señales, prioridades, normativa y maniobras.

Pero también debe comprender cuestiones como la vulnerabilidad de un peatón o un ciclista; las consecuencias de circular bajo los efectos del alcohol o las drogas; cómo cambia la distancia de frenado con la velocidad; por qué el teléfono móvil puede provocar una distracción crítica; o qué consecuencias puede tener no utilizar correctamente un cinturón, un casco o un sistema de retención infantil.

Son contenidos que van mucho más allá de acertar una pregunta en un test.

La formación presencial obligatoria para la obtención del permiso de conducir ha sido defendida también desde el ámbito académico y de la seguridad vial precisamente por su capacidad para trabajar actitudes, valores y percepción del riesgo.

El test no puede convertirse en el objetivo

Los cuestionarios constituyen una herramienta útil para comprobar conocimientos.

Pero existe un riesgo evidente cuando el alumno termina aprendiendo únicamente a reconocer cuál es la respuesta correcta entre varias opciones sin interiorizar suficientemente el motivo que hay detrás de ella.

Aprobar un examen y estar preparado para circular no son exactamente lo mismo.

La finalidad última del sistema debería ser conseguir que el aspirante comprenda que ponerse al volante significa asumir responsabilidades sobre su propia seguridad y sobre la de quienes comparten la vía.

También desde las asociaciones de víctimas se ha insistido en la importancia de introducir la sensibilización antes de que aparezcan comportamientos de riesgo. Fernando Muñoz, vicepresidente de Stop Accidentes, defendía precisamente que el contacto con las consecuencias reales de los siniestros puede contribuir a que los futuros conductores entiendan de otra manera la responsabilidad que están a punto de asumir. «Si mi hijo hubiese recibido un curso de sensibilización quizá ahora estaría vivo» — InfoVIAL

La formación como herramienta preventiva

La seguridad vial dispone de muchas herramientas: normativa, vigilancia, infraestructuras, tecnología, vehículos más seguros y sanciones.

Pero la formación tiene una característica especial.

Actúa antes de que se produzca el comportamiento de riesgo.

Un conductor correctamente formado no solo sabe qué está prohibido. Comprende por qué lo está.

No necesita únicamente conocer cuánto puede beber antes de superar una tasa legal: debe entender que el alcohol altera sus capacidades.

No necesita saber solamente qué sanción implica utilizar el teléfono móvil: debe comprender cómo unos segundos de distracción pueden modificar por completo una situación de tráfico.

Y no debe respetar a peatones, ciclistas o motoristas exclusivamente porque lo establezca una norma, sino porque comprende su vulnerabilidad.

Ese aprendizaje difícilmente puede reducirse a una colección de preguntas y respuestas.

Una formación vial de calidad

El debate sobre presencialidad, formación online y competencia empresarial puede continuar abierto.

Pero existe un punto en el que debería ser posible alcanzar un acuerdo: la calidad de la formación vial no puede convertirse en un elemento secundario.

Las nuevas tecnologías deben incorporarse allí donde mejoren el aprendizaje. La formación presencial debe utilizarse allí donde aporte un valor añadido. Y los contenidos deben evolucionar al mismo ritmo que cambian los vehículos, las ciudades, las carreteras y las formas de movilidad.

El objetivo no debería ser defender un determinado modelo empresarial.

El objetivo debería ser formar mejores conductores.

Porque obtener el permiso de conducir no es simplemente superar un trámite administrativo. Es recibir la autorización para manejar un vehículo y compartir un espacio en el que una decisión equivocada puede tener consecuencias muy graves.

Por eso resulta especialmente pertinente la advertencia de Pere Navarro:

la seguridad vial no debe banalizarse y la formación necesaria para proteger vidas tampoco debería hacerlo.

«Es necesario abrir un debate sobre la enseñanza presencial»

A petición del representante del Partido Popular en la Comisión de Seguridad Vial, el diputado Óscar Gamazo, Pere Navarro explicó la postura de la Dirección General de Tráfico sobre la enseñanza presencial obligatoria para los aspirantes a conductores. “En la estrategia de seguridad vial 2011-2020, ya se hablaba de este tipo de formación. Comprobamos después que en Europa predominaban los países que la tenían».

«La idea fundamental es que las normas y las señales se pueden aprender online o mediante programas informáticos, etc., pero no es fácil concienciar y sensibilizar a distancia».

«Preparamos una reforma del Reglamento de Conductores el cual incluía ocho horas enseñanza presencial, que el Consejo Superior de Tráfico y Seguridad Vial aprobó por unanimidad. Esto son palabras mayores, porque en el Consejo están más de 80 organizaciones que saben mucho del tema».

«Por último, llegó el informe de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), de efectos demoledores, aunque no es vinculante, que ha vuelto imposible la reforma. No hacen falta profesores, ni aulas, nada de nada; enseñar a conducir es como hacer un curso de cocina o de macramé».

«En mi opinión, no entendieron el tema: el documento es una banalización de la seguridad vial, pero los accidentes de tráfico no son virtuales, son reales. Esto nos lleva a un mundo low cost, porque en el fondo se trata del precio del carné. Yo creo que ha llegado la hora de abrir un debate al respecto».

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1 COMENTARIO

  1. El profesor interactúa con el alumno cara a cara y le aporta sus conocimientos de tráfico y le aconseja como conductor experimentado.
    Ya que para ser buen profesor de F.V. Antes hay que ser buen conductor.

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